
En el principio sólo existían el Caos y la Noche, el oscuro Érebo y el profundo Tártaro; la Tierra, el Aire y el Cielo no habían nacido todavía; al fin, la Noche de negras alas puso en el seno infinito del Érebo un huevo sin germen, del cual, tras el proceso de largos siglos, nació el apetecido Eros con alas de oro resplandeciente, y rápido como el torbellino.
(Aristófanes, Las aves)
