
Cuando Bowie salió de bolos con Pierrot in Turquoise, a finales de 1967, todos estos ángulos de su personalidad -el seductor voraz, el artista serio, el ligón andrógino- entraron en conflicto. Él y Lindsay Kemp se habían convertido en amantes. Aquel mismo mes, Bowie inició una relación con la escenógrafa de la compañía, Natasha Kornilof. Una gris mañana de enero, en Moresby, Cumbria, Kemp, perdidamente enamorado, se cortó las venas. Aquella noche se le saltaron los puntos estando en escena, y su traje blanco se empapó de sangre. Al verlo, Bowie derramó tantas lágrimas que éstas deshicieron su careta de cartón. El público, pensando que aquello formaba parte de su interpretación del personaje "Cloud", aplaudió ruidosamente. Esto empujó a Bowie y a Kemp a nuevos transportes de angustia y remordimiento. Cayó el telón sobre los dos actores abrazados, fundidos en un beso apasionado, mientras un tercer miembro del reparto trazaba un corazón en el aire, por encima de sus cabezas. Aquella misma noche, Natasha Kornilof ingirió una botella de aspirinas.
(Christofer Sandford: Bowie: Loving the Alien, 2005)
