
Ocurre una mañana de diciembre de 1966: el mismo día en que, veintiséis años atrás, nació, este poeta español se va del mundo.
Regala un ramo de flores y un poema a su madre, abre la ventana y se arroja al vacío.
El poema, tremendo, se convierte en su mensaje póstumo de despedida:
MADRE
Madre,
también yo quisiera ser mujer.
No para imaginarme tu odio
o tu amor, la noria de tu dicha
o el lastre de tu tristeza,
sino para sentir en mi interior
la necedad terrible de haber traído al mundo
a esta bestia maldita
y perdonarte,
madre.
