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martes, 2 de abril de 2024

gods & monsters

 L. Á., L. Á., L. Á...

En una tierra de dioses y monstruos 
yo era el ángel del jardín del mal.
Rota, asustada, haciendo cualquier cosa
para arder como un faro.

Tú tienes mi medicina: fama, amor, licor; 
dámela lentamente, toma mi cintura y hazlo 
con suavidad. No me llevo bien con Dios, 
así que ahora canto.

Nadie me robará el alma, soy Jim Morrison 
en unas vacaciones salvajes:
juergas de motel, orgías, y cantando:
«Joder, sí, dámela, esto es el paraíso,
lo que de verdad quiero».
Es la inocencia perdida, 
                            inocencia perdida.

En la tierra de los dioses y los monstruos
yo era un ángel en busca de sexo duro, 
una grupi de incógnito haciéndose la cantante:
la vida imita el arte.

Tienes mi medicina, mi droga: dispárala 
directa al corazón, por favor, no quiero más:
Dios está muerto, dije: «Por mí está bien, cielo».

Nadie me robará el alma, soy Jim Morrison 
en unas vacaciones salvajes:
juergas de motel, orgías, y cantando:
«Joder, sí, dámela, esto es el paraíso,
lo que de verdad quiero».
Es la inocencia perdida, 
                            inocencia perdida.

Hablas como en las películas y me vuelves loca, 
porque la vida imita el arte.
Si me pongo un poco más guapa,
¿puedo ser tu chica? Me contestas:
«La vida no es tan complicada».

Nadie me robará el alma, soy Jim Morrison 
en unas vacaciones salvajes:
juergas de motel, orgías, y cantando:
«Joder, sí, dámela, esto es el paraíso,
lo que de verdad quiero».
Es la inocencia perdida, 
                            inocencia perdida.

(Lana Del Rey)

lunes, 7 de septiembre de 2020

persona


cierro
abro
los ojos
en el cielo
veo
la nervadura
del deseo
ramificaciones
que abarcan
el sueño
de la realidad
el destello
bello
sin cuerpo
de una aurora boreal
ciervo
abro
los ojos
bajo la cornamenta
del cielo
deseo
delirante descabello
la teatralidad
de los esqueletos
más secretos
de las tormentas
que han dejado
de tronar significados
para partir con el rayo
la frente
la mente
lamento
lamiendo
lo que me hace
persona
mascarón de proa
pero suena
a cascarón de boa
a hojas
a solas
ciego
cierro
bramando
con los ojos
abiertos
al cielo ciervo
desvelo
el esqueleto
secreto
pero suena a siervo
pero suena a cuerno
a cornamusa
a cuervo
a excusa
a limbo de la duda
pero resuena con hambre
de estambres
pero suena a persona
pero sueña que siento
con antenas de pelo
los cerros sin cuerpo 
los cirros
del sueño.

miércoles, 8 de julio de 2020

el último poema (44): wuhan (se contagiaron) o el último mono


Releo (es rito) Mono, de Marco Antonio Raya, y me estrello, página 38, contra ese topónimo que hoy besa (sin mascarilla) el verbo maldito: «Wuhan. Se contagiaron...».

¡Bum!


El poemario es tremendo: memorial de horrores del monstruo Humanidad: mono feroz o atroz (según las circunstancias que, con un palo, golpeen su jaula): último mono que, de pronto, se halla en el espejo turbio, fracturado, catártico del poema.

Poemario y poema llevan cuatro años en mi mesilla de noche (es rito: rito poético: grito-susurro contra la nada: memento mori para tomar el pulso: inspiración-arma de destrucción sacra: perpetuum mobile del alma en calma).

Cuatro años y en la enésima relectura, en plena pandemia, aún agazapados en la cabaña-búnker...

¡Crac!

El poema.

«Wuhan. Se contagiaron...».

Súbitamente, en noche oscura, un eco del futuro desde un presente herido por el pasado.

La desgarradura del tiempo en el acorde último de las flautas.

La quietud del estanque perturbada por cuerpos extraños cayendo a plomo.

Palabras lanzadas por un niño muerto que se atreve, en la pureza de su limbo, a señalar al hombre disfrazado de Dios.

El estremecimiento ante el poder visionario del símbolo en llamas.

El significante-semilla: metáfora al viento.

La imagen apocalíptica: el Apocalipsis o la imaginación.

Y su terrible belleza.

Y su terrible ahora.

Todo roto a la perfección.

El poema otra vez: ad infinitum («Con una admirable capacidad / de convertirse en emboscada»).

_ _ _

WUHAN

Se contagiaron boqueando contra dos peces,
saltando de sombra en sombra.
Se habían cegado con pequeños bastones
o eran sus dedos, o eran agujas y larvas.

Anduvieron los días, esquivaron los horrores.
Perdieron el cabello, los nudos de la piel.
Las culebras acamparon
en los pequeños caparazones de sus cuerpos.

Según se mirase, el tiempo corría herido
como un niño por la boca del flautista,
mientras aullaba en su cama de rosas
la magnitud insoportable del destrozo.

Esta ciudad ardía en silencio.
Con una admirable capacidad
de convertirse en emboscada.

Marco Antonio Raya: MONO.
(La Garúa poesía, Barcelona, 2016) 



Postdata: Y está en la parte dos: «CRECER».

domingo, 28 de junio de 2020

tenebrama y lucifixión

(la plegaria intempestiva de Gaspar de la Noche)


Y escucho con mis ojos a los muertos

(Francisco de Quevedo)

Si mis ojos llegan a mañana
si no cede la mirada de un tajo
si cesa este ciego relámpago
cambiaré por completo
mi rutina de sueño

dejaré de ser animal noctámbulo
vampiro buscando su latido
polilla monarca del reino callado

dejaré la tenebrama
                   dejaré la lucifixión
el fulgor pálido de muerte
los miasmas de las grandes almas
el lento tormento de la lente incandescente

dejaré toda mi nada

si mis ojos llegan a mañana
si el mar de la realidad se para
y no desgasta más y más el cristalino
y la retina aguanta
                       aguanta
                            aguanta
mi mal humor vítreo
convertiré los hábitos dañinos
de libros a deshoras
y pantallas que devoran
en poemas hechos con lágrimas
artificiales
retales de vida de diseño
y una higiénica
                      ética
                            del deseo.

viernes, 29 de noviembre de 2019

llorar sin motivo

(el espíritu de la colmena)


No hay más que un signo que testimonie 
que se ha comprendido todo: llorar sin motivo.

(E. M. Cioran)

Tienen las abejas
labores trascendentales
y ninguna de estas
es colmar con miel las grietas
de tus labios fugaces
contiene la jalea real
la simbólica esencia
libada hasta la saciedad
que no te mutará en reina
que no te ayudará a descifrar
la espiral de la danza ebria
el espanto ensimismado de la colmena
alimento y cultivo sin cosecha
del enjambre de la existencia
                                   nadie sabe
nadie sabe en realidad
que de las cuencas de tus ojos
no brotarán zumbando visiones
de mudas selvas de cera
ni pterodáctilos
del polvo y del polen regresan
cada tarde a anidar hieráticos
en los jardines botánicos
tu pecho en flor
jamás aún se ha diseminado
sobre los acantilados grisáceos
que el sol mancilló con sus manos
violentas tan solo la metáfora queda
obrera del signo celda
para mecer en primavera
tus dientes de leche
como llorar sin motivo
aparente.



sábado, 27 de enero de 2018

toy story

Los muñecos están en la
barriga de las moscas
y se derriten en miel de
colores

miércoles, 1 de marzo de 2017

lucifer

ángel de la blasfemia
que arrojado al abismo
envuelto entre tinieblas
se da a luz a sí mismo

viernes, 24 de junio de 2016

el deseo de ser piel roja

Si pudiera ser un piel roja siempre alerta, veloz galopando a lomos de un caballo, con el cuerpo inclinado a través del viento, estremeciéndome sobre la tierra trémula, hasta dejar las espuelas, porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas, pues no hacen falta riendas, y sólo viendo ante mí la llanura rasa, inmensa, ya sin las crines del caballo, ya desaparecida la cabeza.

(Franz Kafka)

martes, 8 de marzo de 2016

mantis atea

Yo no soy tu niña, santo varón; yo nací en el desierto hace miles de años y en mi lengua han ardido curas y demonios, putas y poetas, hidras, eunucos, héroes y reyes magos. No cantes mi dulzura porque llevo las ubres cargadas del veneno de la vida, y en mi vientre se gesta la destrucción. Cada vez que me llamas cielo lamo un ángel y escupido cae en este orco, el más profundo y ensortijado, de donde nutrimos nuestras gorduras. Cuerpo soy: tejido cavernoso, hueso, bosque de arterias y glándulas. Voluptuosidad de sombras. Sumidero en la mar gruesa. Está escrito por Él en los cartones celestes: el sabor del conocimiento te dejará sola, fea y amargada. Y has gobernado tan bien el imperio del pecado, con tu política de la tentación... Un pacto por los siglos de los siglos y amén al eterno banquete de la carne. Esta carne. Mi carne. En eso eres igual a la descarnada. Pero la carne ya no es tuya, santo varón. Hay toque de cuerno: el macho de la manada acude al árbol de la ciencia. Bajo las frutas prohibidas

te hipnotizaré con vaivenes de mi culo: moveré mis caderas hasta que beses la espuma demente de las hormonas. Dejaré que me tires del pelo, que gruñas como un hombre, que entres en mí a zarpadas; y cuando estés a punto de irte, arrancaré de cuajo tu cabeza, con precisión de mantis, para que la muerte vomite su éxtasis sobre tu cara entre las flores

a tus pies
    el objeto del deseo
        el fin de la especie

con amor
tu princesa de tinieblas.

(De Chatarra de niño muerto, 2008)

sábado, 6 de febrero de 2016

el último poema (43): the next day (plegaria a bowie en sueños)

 
Dios ha muerto. ¿Quién soy yo? Duelo. En la telaraña marciana no hay tiempo para duelo ni digestión; todo es vómito, todo vuelo. No duelo. Dueles. Como un actor roto. Dolemos. Aún no sé de qué va tu nueva mutación y ya andas envuelto en otra crisálida. No comprendo este baile de caretas postreras. No sé. No he escuchado todo el disco. No lo he leído. Sólo tres canciones. El disco de la estrella negra. Soy una estrella negra, soy una estrella negra... Cantas. Te vi desaparecer dentro de un armario antiguo, eso sí; pero sigo sin entender nada... ¿Qué pasa en realidad? ¿Eres tú haciendo mimo o la mímica de la realidad haciéndote a ti? ¿Cómo se explica, si no, que todo el mundo te llore y que nadie te llore? Como niños lloramos tu muerte los viejos; como viejos lloran tu muerte los niños. Niños de ojos salvajes de Nubelibre. Donde el águila no se atreve a volar, y gritan y dan patadas a las piedras del camino y viven en una película muda y yo no sé explicarles, yo no sé... ¿Quién soy yo? ¿Quién duele? ¿A quién duelo? ¿Somos los muertos? ¿Dónde estamos ahora? Y tengo que cambiar de ciudad porque la mudanza es la única constante vital que me queda. De ciudad, de acera, de zapatos, de cuero, de cielo. Todo lo mudable. De estación en estación. Es demasiado tarde. Es demasiado tarde. El tiempo vuela. Tu disfraz de entretelas, Bowie, no tiene final, no concibe el desnudo. Sería absurdo. Una pantomima más. Un secreto histriónico. Un significante altamente inflamable. Como vendarse los ojos y mirar con dos botones cosidos. Como hundirse en las arenas movedizas de la mente. Como congelarse en Berlín para siempre. Bajo cero. No puedo leer. Me duele mucho el cerebro. Cinco años de duelo. Cinco años. Siete. Duelo. No hay duelo aquí. El tiempo vuela, vuela. Ya no duele el dolor, ya no duele
         de veras
de veras no andas metido en tu nuevo personaje? ¿La piel definitiva y perfecta? Y resolverás el enigma con la liberación de la muerte. Somos los muertos. Como ese pájaro azul, azul eléctrico. Tómate tu tiempo. El tiempo espera en las alas, habla de cosas sin sentido. Su guión eres tú y soy yo. El enigma de tu última piel. Lázaro. Sueño. Sueño de la edad lunar. Rareza espacial. Ziggy estrellado, Aladín sano, escuálido duque blanco. Héroes, horas, eras. El artista minotauro, detective del espanto, niño jueves. Astronauta colgado, descolgado. Pequeño dolor cósmico. David. Dios. Bowie. Jones. Persona. Te escucho. Duelo. No duelo. Te miro. Sueño. Cierro los ojos. No hay tiempo. Tengo cicatrices invisibles. Dame tus manos, eres hermosa. No hay palabras. No hay vendas ni botones, eres maravilloso
No hay música
No hay nadie. No estás solo
                     (Dios
                      suéñanos
                              que nos hace falta

domingo, 2 de agosto de 2015

deep dream

sueñan los androides con durmientes que sueñan con androides dormidos que sueñan con ornitorrincos eléctricos que sueñan con pájaros moscas peces volantes o ramas o ranas o máquinas excitadas por amebas que confluyen en el soma que observa que como durmiente repta por la glándula del sueño de los sueños del durmiente dormido en el androide soñante (?

lunes, 13 de julio de 2015

dos

Hoy, dos días después de tu segundo cumpleaños, te descubro indagando ya en la fantasía de tu nombre. Y no se me ocurre mejor celebración de tu llegada al mundo que esta lección (una más) de náutica del alma. Juntos emprendimos el viaje, juntos surcamos la vida; pero solo tú sabrás qué significan todas las Ítacas. Tus Ítacas. Llegado el día, los días, únicamente deseo que me lo cuentes (si te da la gana). Yo te escucharé siempre atento como el niño que, tras el loco vaivén de la jornada, halla entre libros el secreto del sueño. Aprender de ti, al fin y al cabo, es lo que da sentido a esta realidad desquiciada, insomne. Y crecer contigo hace navegable el alma. Felicidades, gracias y tequieros, Ulises.

domingo, 5 de julio de 2015

no tengo sentimientos por culpa de los adultos

«Yo no tengo destino, soy un ser libre
sin rumbo    todo el mundo me
controla    no soy libre no tengo
sentimientos por culpa de los adultos».

Este texto, escrito por un alumno de 1.º de ESO, resume a la perfección el curso que acaba de terminar. Mi curso. Mi sentir general. Mi quemazón y achicharre. Mis dudas y certezas. La contradicción. Mi desencanto con los «adultos», mi empatía con la «mala letra»... Todo. Y una cuestión al viento: ¿Qué demonios estamos haciendo con nuestros niños? Y una respuesta en el viento: ¿Qué niños estamos haciendo con nuestros demonios?

viernes, 5 de junio de 2015

caballitos

Que instalen caballitos
en todas las calles,
que llenen de caballitos las ciudades.
Siglos
llevamos con el invento de feria en feria
sin descubrir su humanísima aventura.
Que celebren los novios
su viaje en los caballitos,
de caballito en caballito.
Que cada familia tenga sus caballitos,
¡todos en los caballitos!
Que los amigos
hablen y sueñen y discutan
dando vueltas en los caballitos.
En ellos celebren sus consejos los ministros,
mientras queden ministros,
y en ellos se reúnan los señores obispos,
naturalmente, revestidos
de señores obispos,
mientras queden obispos.
Los pobres subirán para reírse del mundo
y los ricos
¡que suban los ricos a los caballitos
mientras todos los aplaudimos!
¡Y los señoritos!
¡Que suban los señoritos!
Y que acudan todos los solitarios, todos los vagabundos.
Y el congreso de los diputados
será el congreso de los caballitos.
Y los empresarios ¡qué risa, los empresarios!
Que suban los empresarios con los asalariados,
mientras existan salarios.
¡Los salarios del miedo!
Y, venga: comités centrales,
mafias, sectas, castas, clanes, etnias:
¡a los caballitos!
Y los músicos con los guardabosques
y el alcalde y los concejales
con las verduleras y los panaderos.
¡Viva! ¡Viva!,
gritarán los niños cuando vean
que suben los Honorables.
¡Venga, Honorables!:
¡A los caballitos!
Vamos a la ciudad a subir a los caballitos,
dirán los monjes a sus abades.
Y los académicos:
que se reúnan los académicos en los caballitos
y que se cierren todas las academias.
¡Ah, si todos los filósofos hubieran subido a los caballitos!
Que instalen caballitos en las cárceles,
en los cuarteles,
en los hospitales,
en los frenopáticos
y que se fuguen todos
montados en los caballitos.
Y todos los jueces a los caballitos,
¡venga! ¡venga!: ¡A los caballitos!
¡Y nada de procesos y de sentencias!
¡Ya vale de juzgar los efectos y no las causas!
¡A los caballitos!
Y que todos los funerales
se celebren montados en los caballitos
al paso silencioso y tranquilo de los caballitos.
Es la nueva ordenanza,
es el nuevo precepto:
¡todos a los caballitos!
¡La cabalgata de los caballitos!
¡Hacia la confederación de todos los caballitos!
Hasta que todos fuéramos niños…

(Jesús Lizano)

viernes, 17 de abril de 2015

el último poema (41): suavemente, hacia la puerta de la habitación de mi madre

Ni detallado el informe de nuestras andanzas exploradas
Puedo decir lo vertiginoso del sendero y
Lo inabarcable del tiempo
No puedo decir su duración sin construir la mentira
La visión primera se limita a cerrar compuertas
A soltar amarras silenciosamente.

(Diego Medina: Sólo tierra permanece.
Últimos versos de esta épica sideral de cosmonauta insólito, clandestino. Rugida en 1998. Publicada al borde del cero. Devorada por mí cinco años después; rumiada cada vez que el tedio aturulla, que las ganas ahuecan el ala. Como todo su suculento verbo: espiral de universos; como la memoria de su persona: gigante roja. Diecisiete años después del bramido cósmico, Diego, monosabio nodriza, maestro, amigo, mayor Medina, un aciago 13 de abril, suelta amarras silenciosamente... Descanse, pues, el poeta en su Santa Marina soñada, y viva el eco primordial de su poesía).


viernes, 10 de abril de 2015

«le escribo de un país lejano»

I 
Aquí –dice ella– sólo tenemos un sol al mes y por poco tiempo. Nos frotamos los ojos varios días antes. En vano. Tiempo inexorable. El sol no llega hasta su hora.

Después son miles de cosas por hacer mientras haya luz, de modo que apenas tenemos tiempo de mirarnos un poco.

Para nosotras lo molesto de la oscuridad es tener que trabajar, y hay que hacerlo: nacen enanos continuamente.

II
Cuando se va por el campo –le confiesa– a veces aparecen en el camino unas masas enormes. Son montañas y, tarde o temprano, hay que empezar a doblar las rodillas. No sirve de nada resistir, no se podría seguir adelante, ni siquiera haciéndose daño.

Esto no lo digo para herir. Podría decir otras cosas si realmente quisiera herir.

III 
Aquí la aurora es gris –añade– y no siempre fue así. No sabemos a quién culpar.

Por la noche, el ganado lanza grandes mugidos, largos y al final aflautados. Nos da pena, ¿pero qué hacer?

Nos envuelve el olor de los eucaliptos: bienestar, serenidad; pero el mero aroma no puede protegernos de todo, ¿o piensa usted que realmente nos pueda proteger?

IV 
Añado una palabra más, mejor una pregunta.

¿Corre también el agua en su país? (No recuerdo si me lo dijo). Y, si es la misma, ¿también provoca escalofríos?

¿Que si me gusta? No lo sé. Una se siente tan sola dentro cuando está fría. Es muy diferente cuando está tibia. Entonces, ¿cómo juzgar? ¿Cómo juzgan ustedes, dígame, cuando hablan de ella sin disimulo, a corazón abierto?

V 
Le escribo desde el fin del mundo. Debe usted saberlo. A menudo los árboles tiemblan. Recogemos las hojas. Tienen una cantidad enorme de nervaduras. ¿Para qué? Ya no queda nada entre ellas y el árbol. Nosotras, molestas, nos dispersamos.

¿No podría continuar la vida en la tierra sin viento? ¿O es que todo tiene que temblar siempre, siempre?

También hay movimientos subterráneos, y en la casa una especie de cólera que aparece delante de ti, como seres adustos que quisieran arrancar confesiones.

No se ve nada, salvo aquello que importa poco ver. Nada, y sin embargo temblamos. ¿Por qué?

VI 
Aquí todas vivimos con un nudo en la garganta. ¿Sabe usted que, aunque soy muy joven, antaño fui todavía más joven? Al igual que mis compañeras. ¿Qué sentido tiene? Seguro que hay algo espantoso en ello.

Y en ese tiempo cuando, como ya le he dicho, éramos aún más jóvenes, teníamos miedo. Hubieran podido aprovecharse de nuestra confusión. Hubieran podido decirnos: «Ya está, os enterramos. El momento ha llegado». Y nosotras pensando: «Es verdad, podrían enterrarnos perfectamente esta noche, si se demuestra que ha llegado el momento».

Y sin atrevernos a correr demasiado: jadeantes, sin poder dar un paso más, ante la fosa preparada, sin aliento, sin tiempo para decir una palabra.

Dígame, ¿cuál es el secreto de todo esto?

VII 
En el pueblo –sigue diciendo– continuamente hay leones que se pasean tan tranquilos. Si no les hacemos caso, ellos no reparan en nosotras.

Pero si ven a correr a una muchacha delante de ellos, no perdonan su sobresalto, ¡qué va!, y la devoran al instante.

Es por eso que pasean constantemente por el pueblo, donde nada tiene que hacer, pues bostezarían igual en otra parte. ¿No es evidente?

VIII 
Desde hace mucho, mucho tiempo –le confiesa– estamos en pugna con el mar.

En muy raras ocasiones azul, tranquilo, parece contento. Pero eso dura poco. El resto del tiempo su olor lo delata: un olor a podrido (o a amargura).

Aquí tendría que explicar lo de las olas. Es tremendamente complicado, y el mar... Se lo ruego, confíe en mí. ¿Por qué iba yo a engañarle? El mar no es sólo una palabra. El mar no es sólo un temor. Existe, se lo juro; lo vemos todo el rato.

¿Quién? Pues nosotras, nosotras lo vemos. Llega de muy lejos para molestarnos y asustarnos.

Cuando usted venga, lo verá personalmente, se quedará alucinado. «¡Caray!», dirá usted, porque el mar asombra.

Juntos lo contemplaremos. Estoy segura de que ya no tendré miedo. Dígame, ¿ocurrirá alguna vez?

 IX
No le quiero dejar con una duda –añade–, con una falta de confianza. Quiero volver a hablarle del mar, de su carácter vacilante. Los ríos avanzan, pero no el mar. Escuche, no se enoje, juro que no intento engañarle. Él es así. Por muy agitado que esté, se detiene ante un poco de arena. Es un gran indeciso. Querría avanzar, seguro, pero la cosa es así.

Tal vez más tarde, algún día, el mar avanzará.

X
«Estamos, como nunca, rodeadas de hormigas», dice su carta. Inquietas, pecho a tierra, empujan el polvo. No se interesan en nosotras.

Ninguna alza la cabeza.

Es la sociedad más cerrada que existe, aunque en constante expansión. Poco les importan los proyectos de futuro, las preocupaciones... Las hormigas están entre hormigas, en cualquier parte.

Y hasta ahora ninguna se ha vuelto a mirarnos. Antes se haría aplastar.

 XI 
Ella le escribe:

«No se imagina todo lo que hay en el cielo, tiene usted que verlo para creerlo. Allá están las...; pero no quisiera decirle su nombre tan pronto».

A pesar de su enorme apariencia, pues abarcan casi todo el cielo, no son más pesadas que un recién nacido.

Las llamamos nubes.

Es cierto que les sale agua, pero nunca por exprimirlas ni por triturarlas. Sería inútil, tienen muy poca.

Pero, a fuerza de abarcar anchuras y anchuras, larguras y larguras, profundidades y profundidades, llegan, a fuerza de hincharse, a soltar algunas gotitas de agua. Sí, de agua. Y quedamos hermosamente mojadas. Corremos furiosas por haber sido sorprendidas, pues nadie conoce el momento en que arrojarán sus gotas. A veces pasan días enteros sin soltarlas y sería en vano quedarse en casa esperando.

XII
La educación de los escalofríos no se imparte bien en este país. Ignoramos las verdaderas reglas y cuando el suceso ocurre nos pilla desprevenidas.

Es el Tiempo, por supuesto. (¿Es igual entre ustedes?). Bastaría con llegar antes que él –usted me entiende–, apenas un poquito antes. ¿Conoce el cuento de la pulga en el cajón? Por supuesto que sí, ¡y de veras es cierto! No sé qué más decir. En fin, ¿cuándo nos veremos?

(Henri Michaux)

sábado, 21 de marzo de 2015

canción para ishtar

La luna es una cerda
que gruñe en mi garganta
Su intenso resplandor me atraviesa
y brilla el barro de mi hondonada
y estalla en burbujas de plata

Es una cerda
y yo puerca y poeta

Cuando blancos sus labios abre
para devorarme yo también la muerdo
y rompe a reír la luna

En la noche del deseo
nos revolcamos y gruñimos, gruñimos
y resplandecemos

(Denise Levertov)

domingo, 8 de marzo de 2015

día de la mujer

Nada de Día de la mujer «trabajadora», listillos; por favor, no desvíen la atención, santos varones perdonavidas, guardianes del patriarcado cavernario, viejos y nuevos machos condescendientes en busca del bramido cómplice... DÍA DE LA MUJER, así, sin epítetos tramposos. Sin cinismos de distracción. Sin palmaditas en la espalda. Sin fotitos en el cole de mamás trabajando... Porque la mujer sí que ha trabajado toda la maldita vida: por siglos y siglos para el hombre, como posesión de éste, deslomada y machacada, sin ser siquiera considerada «persona» (en el mejor de los casos, un frágil y bonito animal de compañía). Y esto es así de crudo. No hay que olvidar. No nos engañemos. No es un día para festejar que la mujer es mujer (?) o que, por fin, ha alcanzado el derecho a la alienación, la explotación, la precariedad y el paro (y la desigualdad laboral). No. Es un día (son todos los días) para reivindicar la lucha, para sembrar la duda y el pánico entre la falocracia; para remover conciencias anquilosadas, conductas y mentiras aprendidas, estereotipos interesados, prejuicios, ideas enraizadas en nuestra psique y cultura, sustratos de babas sobre babas sobre babas rancias y aún pegajosas; para denunciar, exaltar, avivar, lamentar, prender espíritu crítico, autocriticar...; para reflexionar sobre masculinidad y femineidad, feminicidio, identidad, sexismo y sexualidad, belleza, violencia, acoso, cosificación, publicidad y medios, poder y control, injusticia y equidad, esquizofrenia de Virgen María, coeducación, crianza, roles, familia, lenguaje, culpa...; para recordar a las que pelearon y murieron y vivieron a muerte, y las que pelean jugándose la vida y las que viven muertas en vida; para dinamitar los gigantescos pilares invisibles (los descarados son sólo la punta) sobre los que se asienta esta sociedad que apesta a pis de verraco y cabrón; para arrojarse juntos bajo los cascos de los caballos una y otra vez, si es necesario; y, sobre todo, para continuar con los ojos bien abiertos y las tijeras de castrar siempre a mano, porque todo lo conquistado se antoja insuficiente en mitad del primitivo mar de testosterona e ignorancia y, de golpe y porrazo, puede desaparecer como isla borrada del mapa. Por tanto, feroz día a día de la mujer y punto (y seguido).

sábado, 21 de febrero de 2015

shadow of the beast


I
Sobre el espejo que nos ve, la bestia escribe la canción de engranajes que unen el cielo y el infierno. Los niños adoran las trampas mortales. El brutal aplastamiento, la maza cruel, el zarpazo violento. Si caes
                    no sales. Es la aniquilación total del ser un juego de chiquillos solares para domingos lluviosos. Las mutilaciones no hacen tanta gracia; cola de lagartija, tal vez. Los invitados tienen sueño. Papá tose desde dentro. Cesó la música y nadie enciende la luz. El espejo vibra con cada punto de fuga. Dos puntos. Tres... Lord Maletoth abusa de los puntos suspensivos como un poeta menor buscando la vena de la metáfora. Monótona melodía de tinta y piel. En Karamoon tejen, a ciegas y sin convenios, sedosas mortajas con alas. La mañana sorprende a las sombras ensimismadas...

II
Las doce en el reloj: el baile caótico de la infancia llega a su fin: las caretas van cayendo y ruedan por la pista: los invitados se llevan las manos al rostro y corren tras las columnas, a ocultarse, como último y vano intento por permanecer en el calor de la fantasía
                       Es tarde. Recelosos y desnudos volvemos al centro del salón para descubrir, entre risas nerviosas y suspiros de alivio, que no nos conocemos. Que siempre fuimos extraños en un mundo asombroso. Que el pasado es un álbum de recuerdos alucinantes. Que las prendas de la ficción disfrazan ahora nuestros huesos. Que la realidad es sueño y mascarada y desorden. Que el baile no ha hecho más que comenzar...

III
Sobre el espejo que nos ve, Aarbron afila sus agujas. Al son de música de tachón romperá la Ley, el género, el collar y la persona. La magia y el deseo. Hará caer a todos los ángeles, encantados, por el acantilado celestial. Mascando las llamas, con argamasa de trauma, sellará el cráter. Trampa mortal, locos los niños aplauden. Engañará con un alma de palo de lluvia al mismísimo Diablo, que se atragantará, que barritará, que morirá ahogado en su propia tiniebla (eras
más que una sombra, menos que un hombre; eres la sombra de lo que eres, no le des más vueltas; serás el sombrajo de tu sombra, a tientas
            La antimúsica licuará la Gran Mente y diluviará tatuada en el origen. Hemorragia de metáforas o aniquilación literal. Tiembla ternura. Bailad. Seguid bailando el silencio de las cuevas de cristal, bailad quietos de atar. Sobre los añicos de la ausencia que nos mira, la bestia afila el punto final
                           (mi sombra soy yo
    y todas las sombras
que escalan tu frío