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viernes, 12 de septiembre de 2014

el último poema (40): último de póstumo

XVIII

REPETIRSE le da a todo un ritmo de río de Caronte
Mientras cae el equilibrista otra vez sobre la página
Porque mi frente nada amigo sabe sobre mí
Los hombres son solo silencio lector
Aportan esperma para borrar la página
Para borrar el rastro de luz negra, avinatada, que cae
Sobre los renglones como arrugas
Tinta roja para escribir sobre el crepúsculo
Menstrua de los filósofos
Azúcar de la herida toda que borra el verso
Como una sirena contra la manifestación de paquidermos
Ya los pájaros comen de mi boca
Como si estuviera por fin solo
Colgado del último verso.

(Leopoldo María Panero: Rosa enferma.
Huerga & Fierro, 2014)

jueves, 3 de abril de 2014

el último poema (39): elegía a leopoldo maría panero

Llevo días y días intentando digerir la muerte del poeta no vivo, oliscando el enigma del cadáver que, según informan, calla en tu nombre; desentrañando tu maquiavélica ausencia. Llevo noches escuchando el martilleo de la máquina de escribir en mi cabeza, buscando metáforas para ataviar esa literalidad insoportable, descabellada; escuchando el chirrido de trapecios, los atletas en el circo de mi alma, de un lado a otro, bromeando... Mi alma. Mi alma. Llevo siglos, segundos, eones. Un instante disecado en la balaustrada del balcón, una eternidad trinada por el ojo del culo de la vieja. No sé. No soy. El tiempo ha sido aniquilado aquí, en el descalabro de mi sesera.

Sin embargo, la gran araña cibernética tejió ya su tela dentro de tu nariz rota. Mañana has muerto y el error se multiplicó. Mala memoria infinita. Espejo en el espejo. Chatarra sobre chatarra. Pamplina cuántica. Y los gatitos y simios se quedarán cantando. Sumidero esquizofrénico de sombras efímeras. Hastío y vértigo. La banalización de la nada, prostitución de todo. El signo del mamífero araña, ensimismado en su arañazo.

Se acabó tu cuerpo. Se acabaron las cucamonas contra la vida. Se acabaron las volteretas en la jaula de titíes. Se acabó tu cuerpo y la conclusión cuelga floja de tu pantalón. Te orinas en los pilares de la sociedad con la sonrisa cedida del guardián del aliento. Lamed Wufnik incontinente. He visto la fotografía: un clic basta para acceder a tu álbum de máscaras resquebrajadas. Una nueva arruga. Como en un cine desesperado. Se acabó tu boca y queda la mala baba de los Otros, los Normales, los cacorros no beodos, derramándola sobre su propia lengua viperina. Derramándose bobos. Verf barrabum qué espuma…

Porque se diría que ya no estorbas a las bellas durmientes ni a los príncipes mongólicos. Se diría que has muerto y eres alguien. Los editores se frotan las patitas pensando en tus completas y tus inéditos y tus inmortales. Por fin. Ángel exterminador de bolsillo. Sangre para el secarral de vampiros que llaman España. Los dinosaurios de la violeta que ayer te ninguneaban respiran hoy tranquilos camino de la extinción. Brindan por ti en sus mentideros, por tu destrucción definitiva. Recitan tus calamidades. Te nombran, a título póstumo, loco oficial, poeta maldito, fantasma favorito del régimen de bárbaros, premio honorífico de la mierda. Ahuecan sus plumíferos almohadones en sus nichos de terciopelo.

Y ya pueden especular sin miedo a tus ojos de vidrio; ya pueden los medios dilucidar sobre tu demencia, demonios, desencantos, monstruos, familia. Bazar del espanto. El abismo que de tanto mentarlo es letra del tesoro (ya delimitaron su contorno y está en venta el jardín de los cerezos). Ya eres pila donde el suicida lava su pecado, pararrayos de los neuróticos civilizados, muñeca azotada en el escondite de la psique. Y volverán a fumarse tus cigarrillos de boñiga en el París sin el estereoscopio y se beberán tus refrescos del infierno y roerán zanahorias a la luz de sus tumbas. (Un buen día, lo dejo escrito, morirán decapitados de una coz de jirafa terrible).

Todos dormirán mejor sin ti. ¿Y tus versos? ¿También descansarán, liberados de la tortura de choque contra la página en blanco hasta el paroxismo negro? Todos dormiremos mejor. Yo también. Porque desde que robé aquel libro tuyo, hace décadas o un suspiro, supe que el poema es POEMA y sueña con el fin, que es FIN. Crepúsculo activo. Leopoldo María Panero. Y eras suave como el peligro. Panero Blanc. Y la pesadilla literal, acéfala, paranoica del poema nos arrastrará a todos a un agujero llamado Nevermore. Y un día que no existe, cuando despiertes y, de cuajo, tus párpados se abran al peligro de vivir de nuevo, nuestra existencia será extirpada del universo como el sentido ha sido arrancado
de tu último poema.

Y lo bello es residuo impensable de tu pensamiento
rosa humana, sublime, tu cerebro
desnuda persona, primera
persona
persona pers o
nap er s
so n
a

Y dormí como un niño muerto.

Y me olvidé.


jueves, 5 de enero de 2012

LXII

Cráneo desfigurado
Por el hambre de los muertos
Que sólo saben del ser y de la nada
De los muertos que ya no hablan de la agonía
Y el cadáver incendia la luz de la tarde
Oh vida, gran prostituta
Oh barco de «Nunca Jamás»
En el que se dice «Nunca más» al poema
Nunca más a mi frente.

(Leopoldo María Panero: Cantos del frío.
Casus-Belli, 2011)

martes, 20 de julio de 2010

IX


¿Quién fui yo? Le pregunto al camarero
¿Quién es esa sombra que finge escribir?
Soy un hombre que odia el sueño
Y que sornríe ante el desastre
Y habla con una puta sobre el papel
«Y el Universo no devuelve mi figura»
El Hombre mira al Universo
Pero el Universo no le mira a él
Oh canción para nada
Oh canción para la sombra
Porque estoy de rodillas ante el verso
y el sol escupe en mis ojos.

(Leopoldo María Panero: Reflexión, 2010)

lunes, 5 de julio de 2010

el lamento del vampiro


Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle
se apila, sois
para mí alimento,
todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.

(Leopoldo María Panero)

domingo, 21 de marzo de 2010

navidad


Al llegar a la aldea siniestra de Rubión, nevaba furiosamente, y las palabras llovían una tras otra como copos de nieve. Y había un retrato en las paredes de Papá Noel con manchas de mierda. Y la nieve era peor que la lluvia, y que la vida: y el proletariado era como una mierda que ponía en jaque al universo.

Había retratos de Papá Noel en las calles, con rúbricas que decían "eso era un asesino: y las mujeres pasaban junto a él y se reían, y los niños dejaban caer su baba: y el viento todo lo escribía.

Pero, a pesar de todo, nevaba, y por la nieve deduje que era Navidad, la fiesta cruel de los niños, y de las madres. Y nunca dejaba de nevar, y nunca cesaban los cánticos "Navidad, Navidad, dulce navidad. Navidad, blanca navidad.

Navidad más blanca que los hombres, blanca y cruel a la vez, blanca como el espanto, y amarga como la hiel. Y mientras andaba corcovado de nuevo rumbo a mi casa, abatido como el pecado y la furia, oía canciones absurdas e infantiles, alabando a la noche, madre del poema y del cuento.

Quién anduvo entre la violeta y la violeta, alabando a la noche, y en contra del mundo y de la vida, a favor del espanto.

Así que volví de nuevo a mi cuento, y seguía nevando.

De manera que, yo y algunos amigos míos de borrachera, decidimos, para acabar con la nieve, hacer una peregrinación al palacio de Papá Noel, para comprobar si era o no el asesino.

Y a la puerta del palacio, vimos los cadáveres de unos niños despedazados, y estaba todo lleno de sangre, y de palabras. Quisimos hablar con él, y preguntarle los secretos de la tierra. Pero Él no nos recibió. Y pasamos así toda la noche en la calle, mientras llovía, mojando con sangre nuestros rostros.

Y pasé con un coche por encima de mi cadáver, pero no llovía, sino que nevaba, y no se podía salir nunca de la Navidad.

(Leopoldo María Panero: Conjuros contra la Vida;
incluido en Después de tantos desencantos, Federico Utrera, 2008.)

miércoles, 22 de julio de 2009

el último poema (5): dedicatoria


Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.

(Leopoldo María Panero: Last river together, 1980)

jueves, 3 de julio de 2008

leopoldo maría panero


¡Ah! El terror de estar a solas con la nada
virgen azul única verdadera compañera
para suplicar al viento
para adorar al terror y al espanto del silencio
en donde la nada besa a la nada
y estoy solo, tembloroso
llevado de la mano por el cierzo.