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domingo, 2 de agosto de 2015

deep dream

sueñan los androides con durmientes que sueñan con androides dormidos que sueñan con ornitorrincos eléctricos que sueñan con pájaros moscas peces volantes o ramas o ranas o máquinas excitadas por amebas que confluyen en el soma que observa que como durmiente repta por la glándula del sueño de los sueños del durmiente dormido en el androide soñante (?

domingo, 24 de febrero de 2013

alguien soñará

¿Qué soñará el indescifrable futuro? Soñará que Alonso Quijano puede ser don Quijote sin dejar su aldea y sus libros. Soñará que una víspera de Ulises puede ser más pródiga que el poema que narra sus trabajos. Soñará generaciones humanas que no reconocerán el nombre de Ulises. Soñará sueños más precisos que la vigilia de hoy. Soñará que podremos hacer milagros y que no los haremos, porque será más real imaginarlos. Soñará mundos tan inmensos que la voz de una sola de sus aves podría matarte. Soñará que el olvido y la memoria pueden ser actos voluntarios, no agresiones o dádivas del azar. Soñará que veremos con todo el cuerpo, como quería Milton desde la tierna sombra de esos tiernos orbes, los ojos. Soñará un mundo sin la máquina y sin esa doliente máquina, el cuerpo. La vida no es un sueño pero puede llegar a ser un sueño, escribe Novalis.

(Jorge Luis Borges:
Los Conjurados. 1985)

miércoles, 13 de febrero de 2013

gigante

La declaración de amor de un sociópata
Al que cumple las normas
Al cabrón que las hace
Al guardián de la honra
Al furtivo y al gánster

Al que pide permiso
Al de veras lo siento
Al nostálgico mustio
Al de vida sediento

A la loca que baila
Al del codo en la barra
A la dama de hielo
Y al de frágil coraza

A la bestia implacable
Al misericordioso
Al sumiso paciente
Y al rebelde nervioso

A esa niña tan mona
A la vieja entrañable
A la zorra sin fondo
Al buen padre y esposo

Al amante prudente
Al incauto amistoso
Al payaso en las fiestas
Al odiado de todos

Al del quiero y no puedo
Al que puedo y destrozo
Al gallito valiente
Y al que tiembla lloroso

Al oscuro inestable
Al don juan de la foto
Al que mueve los hilos
Al don nadie y al loco

Al pesado de anoche
Al listillo avispado
Al pedante ignorante
A esa metomentodo

Al aquí marginado
Al que sé que me falta
A la tonta del bote
Y al cretino que canta

Comprended que nunca sienta nada por vosotros

Soy un grito, soy montaña
Soy la voz que te acompaña
Entre la gente que amenaza nuestro amor

Ven conmigo, soy gigante
Y tú estás hecha como guante
A la medida de una joya como yo

(Julio de la Rosa: 
Pequeños trastornos sin importancia. 2013)

viernes, 11 de marzo de 2011

la gran rueda


Hay alguien a quien todavía no he tenido nunca ganas de matar.

Eres tú.

Puedes caminar por las calles, puedes beber y caminar por las calles, no te mataré.

No tengas miedo. La ciudad no tiene peligro. El único peligro de la ciudad soy yo.

Camino, camino por las calles y mato.

Pero no tienes que temer.

Te sigo porque me gusta el ritmo de tus pasos. Te tambaleas. Es hermoso. Se podría decir que cojeas. Y que estás jorobado. Pero en realidad no lo estás. De vez en cuando te enderezas y caminas recto.

Pero a mí me gustas en las horas avanzadas de la noche, cuando estás débil, cuando tropiezas, cuando te encorvas.

Te sigo, tinieblas. De frío o de miedo. Sin embargo hace calor.

Nunca, casi nunca, quizá nunca haya hecho tanto calor en nuestra ciudad.

¿De qué podrías tener miedo?

¿De mí?

No soy tu enemigo. Te quiero.

Y nadie más podría hacerte daño.

No tengas miedo. Estoy aquí. Te protejo.

Pero aun así también sufro.

Las lágrimas –grandes gotas de lluvia– me resbalan por la cara. La noche me oculta. La luna me ilumina. Las nubes me esconden. El viento me desgarra. Siento una especie de ternura por ti. Eso sólo me sucede a veces. Muy raramente.

¿Por qué tú? No lo sé.

Quiero seguirte hasta muy lejos, por todas partes durante mucho tiempo.

Quiero verte sufrir aún más.

Quiero que estés harto de todo lo demás.

Quiero que vengas a suplicarme que te coja.

Quiero que me desees, que tengas ganas de mí, que me ames, que me llames.

Entonces te cogeré entre mis brazos, te estrecharé contra mi corazón, serás mi niño, mi amante, mi amor.

Te llevaré.

Tenías miedo a nacer y ahora tienes miedo de morir.

Tienes miedo de todo.

No hay que tener miedo.

Es sólo que hay una gran rueda que gira. Se llama Eternidad.

Yo hago girar la gran rueda.

No debes tener miedo de mí.

Ni de la gran rueda.

Lo único que puede dar miedo, que puede hacer daño, es la vida y tú ya la conoces.

(Agota Kristof: No importa.
El Aleph Editores, Barcelona, 2008)

lunes, 8 de noviembre de 2010

a circe


¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.

¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

(Julio Torri: Ensayos y poemas. 1917)

el mal actor de sus emociones


Y llegó a la montaña donde moraba el anciano. Sus pies estaban ensangrentados de los guijarros del camino, y empañado el fulgor de sus ojos por el desaliento y el cansancio.

—Señor, siete años ha que vine a pedirte consejo. Los varones de los más remotos países alababan tu santidad y tu sabiduría. Lleno de fe escuché tus palabras: «Oye tu propio corazón, y el amor que tengas a tus hermanos no lo celes.» Y desde entonces no encubría mis pasiones a los hombres. Mi corazón fue para ellos como guija en agua clara. Mas la gracia de Dios no descendió sobre mí. Las muestras de amor que hice a mis hermanos las tuvieron por fingimiento. Y he aquí que la soledad obscureció mi camino.

El ermitaño le besó tres veces en la frente; una leve sonrisa alumbró su semblante, y dijo:

—Encubre a tus hermanos el amor que les tengas y disimula tus pasiones ante los hombres, porque eres, hijo mío, un mal actor de tus emociones.

(Julio Torri: Ensayos y poemas. 1917)

lunes, 4 de octubre de 2010

mecanografía


Mis manos dejaron de obedecerme. Tocaron en el piano conciertos desconocidos, se humedecieron con los tiernos jugos de vírgenes azoradas, cocinaron bebitos, robaron amuletos, arrancaron murciélagos de sus alas. Tomaron un bisturí y con virtuosismo de director de orquesta dibujaron extravagantes mapas en carnes ajenas. Mis manos dejaron de obedecerme. Ahora oprimen las teclas de mi máquina: son ellas quienes escriben este cuento.

(Ricardo Bernal)

miércoles, 8 de septiembre de 2010

de entre todas las cosas


De entre todas las cosas
amo las desgastadas,
las que el tiempo decora con cambios y con pérdidas.
El tiempo las corrige, las dispone para su verdadero cometido,
las detiene invisibles de tanto ser miradas
y después la belleza
se posa sordamente
igual que una campana tañendo bajo el mar.
La belleza que había
en la mano y la tierra
se adhiere, se convoca sobre la superficie
o el color.
La ceniza que el tiempo esparce sin cesar
nieva en las cosas
y las deja habitadas de omisiones y tactos,
las convierte en extraños espejos,
y bajo el aspecto de collar o cuchara
nos miramos en ellos
como somos y fuimos.
Por eso amo el cuchillo que obedeció a la mano
que hoy cuenta su madera
(el uso lo ha cubierto como una cicatriz de suavidad).

De entre todas las cosas amo las desgastadas
porque son una cita entre muchos y yo:
bebiendo de una copa se están besando labios
y voces por venir,
al coger un martillo estrechas viejas manos.

También a mí el tiempo invisible me empuña
para clavar un verbo o partir la alegría,
talla delgadas muescas en mi cara
y poco a poco me encorvará su fuerza.
No pido para entonces la belleza:
sólo estar gastado de pasión,
ceñido de armonía.

(José María Parreño)

sábado, 4 de septiembre de 2010

elogio de la sombra


La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

(Jorge Luis Borges)

sábado, 14 de agosto de 2010

yo


Cuando digo Yo apenas me refiero a mí mismo sino a cualquiera que se ajuste a la forma en que está conjugado el verbo en primera persona.

(José de Almada Negreiros)

viernes, 18 de junio de 2010

penélope o la máquina de estilo para cartas de amor


Ordeno el deseo
doblo y apilo los sentimientos en montones
por estaciones y colores
cuelgo en perchas cuanto no poseo
guardo en el armario
las mantas con la santa mancha
de tu cuerpo a la deriva
el hambre canina de invierno
la sed menstrual en fila con los sombreros
despego trozos de piel del fondo de la nevera
me dejo las uñas frotando
el sudor animal radicado
en las paredes del horno dormitorio
mojo guío adecento las enredaderas
que desesperadas
se han abrazado a tus barbas
separo las flores heridas a cuchillo
relamo tus gemidos
tejo mis senos tempestuosos
bordo en tu ávida lengua
una placenta de pálidos hilachos
despejo las cortinas de pájaros
que en la estampida dejan
sus nidos estampados
y eclosiona de cada huevo
una ligera idea de aleteo
ventilo la sellada quemazón del instinto
barro la ansiedad arremolinada
en los rincones más angostos del alma
limpio los feos espejos
lustro la belleza opaca de las estatuas
que arrebatadas traslucen en primavera
enciendo en el patio una hoguera
de libros y otros objetos inflamables
que crepitan tu nombre hasta que se consumen
entre los rescoldos crece un limón
extraña fruta la exprimo
sobre mis sentidos
y al fin me siento
exhausta a descansar
miro a mi alrededor
las agujas dormidas en el agujero
los ovillos desovillados con los ovillos
la casa ya sosegada
y el deseo todo está en su sitio
ordenado a la perfección y listo
para llorar en silencio
mientras la ausencia entera de tus ojos
va penetrando
lentamente
en mi entraña
y escribo

viernes, 16 de abril de 2010

hemolinfa


Tarde ya despierto y tengo que escribir
porque arriba un niño llora a lágrima viva
un niño con el corazón encogido
que desarbolado siente la herida del bosque
creciendo en la coyuntura de los huesos
son sus piernecitas de savia y arcilla
las madreselvas trepando el costillar envuelto
en la fronda húmeda de las sábanas
sus incipientes alas
aún empapadas del pigmento pesadilla
han rajado la encía y resina baba de clorofila
gotea ahora sobre mi cuaderno.

Tarde y despierto escribo a lágrima viva
porque un niño moldea con la sed de sus manos
mi alma de ámbar musgo
un niño arborescente que balbucea a destiempo
un canto encogido en el fondo de la laguna
como fósil de luz enfermo
de antiguos dolores de crecimiento
mientras mis patitas buscan la postura
en el espacio elemental de su sueño
cuando la noche inventa un letargo frío
boreal en la amniótica selvamadre
que gotea sobre mi cerebro de mosquito.

sábado, 27 de febrero de 2010

el gorrión y el fondo del mar


Cuenta la Lengua Infinita que vivió una vez en mi mente un rey con cabeza de gorrión caído. En la melancolía del pájaro pensante buceaba una tembladera que en lugar de sombra tenía dudas. La sombra de este pez de los abismos había naufragado en un punto entre las estrellas de la constelación del verbo ahogar. Durante años, compartió agua y luz con un deseo reprimido llamado Arruga en la Falda. Su reino era pequeño, ojeroso y de huesos de cereza; pero cada noche imaginaban una cosa sexual saliendo de la tarta. En el acantilado de leche de loba, donde florecen la nomeolvides y el olvido, construyeron un balcón de piedra para conjugar cada noche su triste tonada: yo ahogo, tú ahogas, él ahoga, nosotros… Y llegaron guerras civiles y hambrunas con ojos de juez que dictaron sentencia: el verbo será reflexivo o no será. En ese instante se apagó el corazón eléctrico de la abisal tembladera. Su sombra escuchó una explosión en la lejanía de las trincheras cósmicas y rezó por la Arruga de su alma. Los olvidos y nomeolvides se marchitaron bajo el balcón vacío, mientras la leche de loba rompía y rompía contra los peñascos sin nadie que rompiese su silencio nupcial. Sólo un gorrión coronado de cirros y bocanadas de arsénico se asomó a la balaustrada una tarde, décadas, siglos después, cuando ya todo era fondo de mar, y a punto de sentir el precipicio pió: yo me ahogo.

Y con él todos nos ahogamos; y colorín colorado, este cuento se

(De Chatarra de niño muerto, 2008)

domingo, 17 de enero de 2010

l'infinito


eclipse de mi vida
tras tus besos se ocultan

el bebé dormido como bebé
el niño que vuelve a colorear mapas
sin salirse de la raya
el adolescente pintarrajeando
corazones y monstruos en los márgenes
el hombre que hace papiroflexia
con las horas muertas
el viejo que se descubre en vilo
libre como el bebé dormido

(el fantasma coleccionista
de grietas de tus labios
(el dios por la tribu olvidado
que ha de escribir en tus cenizas
eclipse de mi vida

viernes, 31 de julio de 2009

ternura radical


Hay una mujer en cueros que sin paraguas intenta borrarse bajo la lluvia. Su figura se diluye en la noche como el significado de un lunar sobre la piel. Vomita un guante y de seda tropieza. Escupe el izquierdo enrevesada se tambalea. Las manos de una tarantela suben por sus rodillas muslos ingles caderas. Aprietan los glúteos. Pálidas arañan. Marcan. Llagan la nana carnosa. Cae en un charco. Toca fondo de encías. Besa el barrizal. Se llena de tierra. Abarca el humus contra sus tetas. Mea. Se descome a gatas. Chupa minerales entre el légamo. Se deshacen con su lengua. Saliva preciosa sal savia moco. Su cuerpo es infección de aguacero. Estertor. Nubarrón de pus. Musgo. Raíz. Grumo y arteria. Su figura desaparece en la noche como la piel de un lunar. Sólo queda un paraguas abierto sobre la sed del asfalto.

(De Chatarra de niño muerto, 2008)

domingo, 30 de noviembre de 2008

chatarra de niño muerto


AGUJERO

Introduzco la mano en la caja de los hilos. Revuelvo ansiosamente bobinas agujereadas, punzones, cremalleras, imperdibles, alfileres, horquillas, botones rotos, broches. Me pincho. Me hago sangre. Me muerden las tijeras. Picotea en mi piel la tricotosa. Hurgo. Escarbo. Araño el metal. En el fondo del costurero encuentro, por fin, mi coronilla extasiada.

domingo, 7 de septiembre de 2008

oscuras


Introduzco el brazo en el bosque y un silencio de seres vivos trepa por él hasta mi hombro. Cuando vayas al carnicero, dile que te corte por aquí, por aquí, por aquí... Escucho un navajazo de luz que siega el trapecio. Mi lengua cae pétrea en un vaso de cristal. Quema el burbujeo de mentes en mi estómago. Esparrancado me siento sobre el nido del avestruz, entre cascarones vacíos. Aguardo a que la lava se quede quieta y fría: hablo con el muñeco resultante que dice ser mi alma. Dicta. Escribo a oscuras y muerto de sueño. El desierto llueve en esos ojos que no sé si duermen ya o estoy despierto. Soy tu pesadilla.

domingo, 29 de junio de 2008

costumbres de los ahogados

(alfred jarry)


Hemos tenido ocasión de entablar relaciones bastantes íntimas con estos interesantes borrachos perdidos del acuatismo. Según nuestras observaciones, un ahogado no es un hombre fallecido por submersión, contra lo que tiende a acreditar la opinión común. Es un ser aparte, de hábitos especiales y que se adaptaría a las mil maravillas a su medio si se lo dejase residir un tiempo razonable. Es notable que se conserven mejor en el agua que expuestos al aire. Sus costumbres son extrañas y, aunque ellos gustan desempeñarse en el mismo elemento que los peces, son diametralmente opuestas a la de éstos, si se permite expresarnos así. En efecto, mientras los peces, como es sabido, navegan remontando la corriente, es decir en el sentido que exige más de sus energías, las víctimas de la funesta pasión del acuatismo se abandonan a la corriente del agua como si hubieran perdido toda energía, en una perezosa indolencia. Su actividad sólo se manifiesta por medio de movimientos de cabeza, reverencias, zalemas, medias vueltas y otros gestos corteses que dirigen con afecto a los hombres terrestres. En nuestra opinión, estas demostraciones no tienen ningún alcance sociológico: sólo hay que ver en ellas las convulsiones inconscientes de un borracho o el juego de un animal.

El ahogado señala su presencia, como la anguila, por la aparición de burbujas en la superficie del agua. Se los captura con arpones, lo mismo que a las anguilas; el uso de garlitos o líneas de fondo resulta a este efecto menos provechoso.

En cuanto a las burbujas, se puede caer en el error por la gesticulación desconsiderada de un simple ser humano que sólo se halla en el estado de ahogado provisorio. En este caso, el ser humano no es en extremo peligroso y en todo comparable como lo hemos dicho más arriba, a un borracho perdido. La filantropía y la prudencia exigen distinguir dos fases en su salvamento: 1) la exhortación a la calma; 2) el salvamento propiamente dicho. La primera operación, imprescindible, se efectúa muy bien por medio de un arma de fuego, pero hay que estar familiarizado con las leyes de la refracción; en la mayoría de los casos, basta con un golpe de remo. Sólo queda -segunda fase- capturar al objeto por el mismo método que a un ahogado ordinario.

Es raro que los ahogados se desplacen formando bancos, a la manera de los peces. De ello se puede inferir que sus ciencias sociales son aún embrionarias, a menos que se juzgue más simple suponer que su combatividad y valor guerrero es inferior al de los peces. Es por ello que éstos se comen a aquellos.

Estamos en condición de probar que hay un solo punto en común entre los ahogados y los demás animales acuáticos; desovan como los peces, aunque sus órganos reproductores, para el observador superficial, parezcan conformados como los de los humanos. Desovan, a pesar de esta grave objeción: ninguna ordenanza de la prefectura protege su reproducción por la veda momentánea de su pesca.

Corrientemente, un ahogado se vende a 25 francos en el mercado de la mayoría de los departamentos, constituyendo una fructífera y honesta fuente de recursos para la población ribereña. Sería pues de interés patriótico fomentar su reproducción; de lo contrario, a falta de esa medida, sería grave la tentación, para el ciudadano ribereño y pobre, de fabricar ahogados artificiales, igualmente merecedores de la prima, por medio del maquillaje por vía húmeda de otros ciudadanos vivos.

El ahogado macho, en la estación del desove, que dura casi todo el año, se pasea en su desovadora, descendiendo como de costumbre la corriente, la cabeza hacia adelante, la cintura levantada, las manos, los órganos de desove y los pies meneándose sobre el agua. Permanece de buen grado balanceándose entre las hierbas. Su hembra también desciende la corriente, con la cabeza y las piernas volcadas hacia atrás y el vientre al aire.

Así es la vida.