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jueves, 31 de mayo de 2012

del tacto fervoroso

DESASIMIENTO

MI corazón de farsante
dio ya todo lo que es dable.

Me queda: la úlcera roja
de mi pensamiento.

La úlcera verde
de mi sensibilidad remota.
Un espejo.
Mi vida de siempre.

Lo que doy, si alguien lo quiere.

(Juan José Domenchina)

de neurastenia

UNA VOZ

(LA taquicardia martillea
—remedo agónico de vida.
En el garrote, la disnea
apaña el dogal homicida).

—Amigo, es hora de ser fuerte.
Es hora de claudicar.
No hay más dios —¡dilo!— que la muerte
—descomponerse, descansar.

Pero si no tienes el ánimo
propicio a tal desasimiento...
Espera de Dios, que es magnánimo,
la eternidad del sufrimiento.

(Juan José Domenchina)