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jueves, 24 de octubre de 2013

el último poema (35): suicidas a los doce

Y desnudos al amanecer los encontraron.

Llegaron con el sol las moscas a morder y desovar en la carne dormida.

Cabe toda la muerte en el cuerpo más pequeño, cabe todo el amor en su corazón de paloma, todo el grito en su boca no saciada, todo el odio en su cerebro despierto, todo el deseo en sus manos inquietas.

Ninguna nota dejaron: para qué decir adiós a los cadáveres.

Llegaron con el sol las moscas, a morder y desovar en la carne dormida; las moscas, los periodistas, los curiosos, la policía, yo mismo, nadie.

Temblad cuando los niños dejan de ser hombres secretos.

Todo poema corre el riesgo de carecer de sentido. Arrodillaos. Dos dioses han muerto en holocausto.

(José Ignacio Serra: El libro quemado)

domingo, 29 de mayo de 2011

diose a las olas y conoció su nombre

3

Los dos años son el comienzo del fin

J.M. Barrie

Desde el regazo de la madre, el niño la observa, curioso. Sin decir una palabra, se alza hasta juntar sus rostros y la besa en la mejilla dulcemente. Ha imaginado la cabeza de su madre como la de una rana gigantesca. No lo dirá: en su joven renuncia ha comprendido que su lenguaje es otro.

(José Ignacio Serra: Pie de druida)

domingo, 28 de febrero de 2010

catedral de las bestias


Tengo el recuerdo de un antro oscuro y húmedo en donde, bajo bóvedas de un oro deslustrado, que soportan el peso del mar y contienen su tremenda, lenta acometida, animales yacientes duermen como si nada esperaran, como si en absoluto esperasen despertar; pero el aire se tensa entre los arcos en penumbra y una grieta de luz nos amenaza en sueños.

(José Ignacio Serra)