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viernes, 15 de abril de 2016

el doble

Calla la noche, las calles descansan,
en esa casa vivía mi amada.
Hace tiempo abandonó la ciudad,
sigue la casa en el mismo lugar.

Hay allí un hombre. El hombre alza la vista,
alza las manos temblando de angustia.
Me estremezco cuando observo su faz,
¡muestra la luna mi propia figura!

Oh pálido compañero, mi doble,
¿por qué simulas mis penas de amor
que me angustiaron en este lugar
durante tantas noches tiempo atrás?

(Heinrich Heine:
lied musicado por Franz Schubert)

viernes, 28 de octubre de 2011

san francisco, 7/9/79

Ayer abrí la ventana del baño y la luz vespertina entró clara y limpia. Me quité los zapatos y los puse a ventilarse sobre el alféizar, con las puntas un poco en el aire, hacia el interior del baño. Luego me olvidé de que estaban allí, fui a lavarme y cuando me di la vuelta hacia la ventana, sentí pánico al ver los zapatos vacíos allí detenidos, como si nadie estuviese entrando por la ventana.

(Werner Herzog: Conquista de lo inútil.
Blackie Books, 2010)

domingo, 20 de marzo de 2011

bajo la piel, los días

Me he sustraído el dolor refugiándome en los libros. He olvidado a las mujeres que me han olvidado. He sepultado en sus páginas la vergüenza o la cobardía [como, de nuevo, en este poema]. En los catres de los albergues, el papel ha sido mi almohada. Cuanto más acerbo ha sido el mundo, más amable la palabra, aunque errase, aunque injuriara. Los gerundios, administrativos, me han rescatado. Los zapatos me mordían, pero mis ojos estaban habitados. A mi lado, una anciana, con un antifaz de rímel, echaba migas de pan a las palomas, y las palomas hervían, mascullaban. Tropiezo con un vómito fresco; he de utilizar un retrete embozado; me enseña la lengua una puta repugnante: leo. Oigo el despertar de una ciudad enyesada de humos, batida por un mar desguazado, trepidante de nada; y, en el cuarto tenebroso, también yo despierto. «Cuyo lascivo esposo vigilante/ doméstico es del Sol nuncio canoro,/ y de coral barbado, no de oro/ ciñe, sino púrpura, turbante».
Leo.

No estoy solo.

La palabra me piensa.

(Eduardo Moga: Bajo la piel, los días.
Calambur, Madrid, 2010)

martes, 4 de mayo de 2010

la chiflada del paraguas


Aún recuerdo aquel paraguas
Que llovía por dentro.
Un paraguas que mojaba a quien lo usaba.

En los días soleados
Tú te ibas al centro.
Y la gente que pasaba te miraba.

Y fue entonces cuando me paré
A observar a la chiflada del paraguas.
Nadie terminaba de entender,
Y hubo una señora que gritó:
¡Enciérrenla!

Te escondí tras una esquina,
Cerraste aquel trasto,
Y nos fuimos sin preguntas a mi casa.

Y ahora llueve y caigo enfermo.
No salgo ni falta.
Solo veo agua caer sobre tu cara.

Y fue entonces cuando te busqué,
¿Vio usted a la chiflada del paraguas?
Nadie terminaba de entender,
Y hubo una señora que gritó:
¡Enciérrenlo!

(Julio de la Rosa)