jueves, 5 de enero de 2012

LXII

Cráneo desfigurado
Por el hambre de los muertos
Que sólo saben del ser y de la nada
De los muertos que ya no hablan de la agonía
Y el cadáver incendia la luz de la tarde
Oh vida, gran prostituta
Oh barco de «Nunca Jamás»
En el que se dice «Nunca más» al poema
Nunca más a mi frente.

(Leopoldo María Panero: Cantos del frío.
Casus-Belli, 2011)

domingo, 1 de enero de 2012

derrota

Yo que no he tenido nunca un oficio

que ante todo competidor me he sentido débil

que perdí los mejores títulos para la vida

que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)

que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos

que me arrimo a las paredes para no caer del todo

que soy objeto de risa para mí mismo

que creí que mi padre era eterno

que he sido humillado por profesores de literatura

que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada

que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida

que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo

que tengo vergüenza por actos que no he cometido

que poco me ha faltado para echar a correr por la calle

que he perdido un centro que nunca tuve

que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo

que no encontraré nunca quién me soporte

que fui preterido en aras de personas más miserables que yo

que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición

que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)

que nunca podré viajar a la India

que he recibido favores sin dar nada en cambio

que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma

que me dejo llevar por los otros

que no tengo personalidad ni quiero tenerla

que todo el día tapo mi rebelión

que no me he ido a las guerrillas

que no he hecho nada por mi pueblo

que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable

que no puedo salir de mi prisión

que he sido dado de baja en todas partes por inútil

que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno

que me niego a reconocer los hechos

que siempre babeo sobre mi historia

que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento

que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo

que no lloro cuando siento deseos de hacerlo

que llego tarde a todo

que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas

que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable

que no soy lo que soy ni lo que no soy

que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras

que he vivido quince años en el mismo círculo

que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado

que nunca usaré corbata

que no encuentro mi cuerpo

que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano

me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

(Rafael Cadenas)

sábado, 17 de diciembre de 2011

nunca supe su nombre

Era un bicho increíble, bella como el relámpago, enteriza, seda pura. Su rostro un fulgor continuo. No la describo, no soy pintor. Sólo paro mientes en sus manos eléctricas, radioactivas –manos de humo y de hierro forjado– siempre vacías y operantes. Corriendo tontas detrás de una mariposa, agarrando cuernos de becerro o abejorros carnudos. Pero también acariciando mi garganta.

No hicimos ningún pacto para andar juntos. Nunca nos separábamos. ¡Qué vitalidad de moza! No lloraba nunca. Gritaba de mil modos, llana de impulsos imprevistos. La veía correr sin freno y cuando se fatigaba era una leona dormida.

Se lanzaba al mar enloquecidamente y se ponía a nadar en las aguas alejándose hasta perderla de vista, si no fuera por el alga negra de su abundante melena, a lo lejos, flotando en las olas.

Nunca supe su nombre.

(Carlos Edmundo de Ory: La memoria amorosa. Visor, 2011)

viernes, 2 de diciembre de 2011

sombra de los días a venir

A Ivonne A. Bordelois

Mañana
me vestirán con cenizas al alba,
me llenarán la boca de flores.
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro,
en la respiración
de un animal que sueña.

(Alejandra Pizarnik: Los trabajos y las noches, 1965)

viernes, 25 de noviembre de 2011

el despertar

A León Ostrov

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

(Alejandra Pizarnik: Las aventuras perdidas, 1958)

viernes, 28 de octubre de 2011

san francisco, 7/9/79

Ayer abrí la ventana del baño y la luz vespertina entró clara y limpia. Me quité los zapatos y los puse a ventilarse sobre el alféizar, con las puntas un poco en el aire, hacia el interior del baño. Luego me olvidé de que estaban allí, fui a lavarme y cuando me di la vuelta hacia la ventana, sentí pánico al ver los zapatos vacíos allí detenidos, como si nadie estuviese entrando por la ventana.

(Werner Herzog: Conquista de lo inútil.
Blackie Books, 2010)

sábado, 22 de octubre de 2011

canción niña estival

me arranco el sol a tiras
de la piel de un día
de tormenta

canto
espanto el tremor
que el tiempo vuela

en una gota de frío
el verano hace el indio

sonámbulo despierto
en tu sueño y te miro
apunto y disparo

pum

estás muerto
tu alma es canícula
en la frente del desierto

rayos y truenos son
tus mejores amigos

me duermo mecido
por el ruido del sol