sábado, 28 de febrero de 2015

spock

Spock, qué terror ingrávido
alimenta al Universo,
qué orbitales sofismas
o axiomas estelares
regularon los interminables
surtidores galácticos,
qué Peloponeso extraplanetario
circunda el cósmico abismo,
qué espiral o qué principio
explica la historia
primordial de los cráteres.

Vulcanianos motivos
inspiran este interestelar poema,
una retorcida bitácora
de astrales metáforas,
una lírica de protones
de virtuales ficciones,
una metafísica de láseres
jamás nunca para nada terrestres,
una égloga de agujeros negros
con versos-asteroides fecundando
las evanescentes páginas de mi galaxia
o supernovas arrítmicas
fluyendo de la desintegración
de un quásar de la literatura nuclear,
una hermenéutica, al fin,
a la velocidad de la luz
creada para destruirse automáticamente
arrebatada por un cometa gigantesco;
no propongo biblias siderales
ni plutonianas exégesis
cargadas de hipótesis atmosféricas,
sólo saber qué constelación me pertenece,
qué nebulosa se expande
entre los límites celestes
de mi cosmogónico cuerpo astral.

¿Por qué me siento tan solo
entre millones de enanas blancas
a evos de iridiscente distancia?
¿Por qué mi rumbo discrepa
de la elipse primigenia
que nutre a base de cúmulos estelares
el kármico zodiaco?
¿Po qué, subyugado al sistema tolomeico,
la dictadura absoluta de los cometas,
la heliocéntrica monarquía solar,
persisto en la invariable efervescencia
contra la Ciencia al afirmar
que no es infinito el espacio,
sino las alucinaciones fotométricas
de un Mercurio radioactivo
o de un miedo de elipses azules
estallando positrones
y éter de nostalgia vertiginosa?
¿Por qué mi piel es cromosfera
abandonada a la fluorescente inercia
de la gravedad cero?
¿Por qué no soy un astro
errando por siempre
sobre la concupiscencia
de un novilunio eterno
apagado por los siglos
de lunáticos anhelos
o un Copérnico asaltante
atravesando ruidosamente
en estéreo con los graves muy altos
las dunas marcianas
o las astronómicas junglas de electrones
sobre un Neptuno inexorablemente frondoso
de hidrocarburo hiriente?
¿Por qué conformarme con ser satélite
sin derrumbar los onomásticos versículos
de la estrella triple de Cáncer
y evitar así un nuevo cataclismo
de geocéntrica masacre
y espectrográfico asombro
ante mi individuo,
Titán del Universo,
centro pluridimensional
del observatorio de mi espíritu?
¿Por qué no follarme a la Osa Mayor,
a la Menor, a Orión,
por qué no follarme
a todas las constelaciones
bajo un plenilunio exacto,
milagroso, orgánico,
ascético, atómico,
perverso, aniquilador
mientras el hidrógeno
nos envuelve
y la Nada nos engulle
en un último acto
de desbaratarlo todo
conmigo en el mismo centro?
¿Por qué me siento tan solo?
Me pregunto nuevamente
si yo soy la galaxia,
una galaxia sin meridianos
atroz sin límite acaso,
sacudido de Gigantes Rojas
el núcleo neurálgico del abismo,
prendida de la inflorescencia de Andrómeda
o del dolor confundido de Casiopea,
sepultado tras la alambrada glacial
de cenizas de helio.
colonizadas por imaginarios cohetes
cuchillos de la bóveda estelar
que proponen submarinas factorías espaciales
en los océanos venenosos de la Luna,
una galaxia tan espesa
que ni desgarradoras radioondas
ni sondas maravillosas
descubren el horror sideral
que contienen acumulaciones
globulares de su materia.

Pero sigo sin entenderte,
sigo sintiéndome solo
por mucha corona boreal
que me ofrezca
y por mucha cosmonave
que me orbite,
Spock,
por qué me siento tan cansado
si mi edad no es comparable a nada,
por qué soy un microcosmos levitando
en la soledad del Universo
si no es palpable la tristeza de Erídano
o el rostro rabioso irascible
magnético de un replicante
ansioso de alma,
de geoestacionaria raíz umbilical,
una robótica crisis en la mecánica
del puente interestelar
de una nave nodriza arrolladora
perdida por siempre
en una nebulosa oscura
que no es otra cosa
que mi existencia ardiendo
en devoradoras grietas venusianas
convirtiendo en vértigo el silencio
de la termosférica armadura del vacío.

Qué terrible visión la del cosmos,
qué fantasmal firmamento
se yergue sin ser intacto,
multiplicado de púlsares parpadeantes,
retorcidos campos gravitatorios,
Antares a años-luz de Centauro,
una cúpula diluviada
de incandescentes espículas
o grabo ígneo desatado
en tormentas radioactivas,
qué magnética energía,
qué dínamo primigenia
no comprendida por ilusos radiotelescopios
descarga el movimiento de iones
y erupciones ciclópeas
desafiando al horror vacui del cielo
con laberintos astronáuticos
y difractantes vías lácteas.

Spock,
aún espero una respuesta,
cibernéticas ingenierías
mutilan la magia de Acuario,
Sirio B es una isla o un paraíso,
fluidos electromagnéticos forman parte ya
de la mitología del Universo,
alunizajes con rayos X
en Anaxímenes no son
imposibles épicas de neutrones,
estrellas fugaces termonucleares
no conceden ya deseos a nadie
ni es admirado el cuarto menguante,
ni son abstractas
las coreografías de androides,
ya no hay nada sagrado
en las centrífugas declinaciones
de las selenológicas espirales,
ni en las plúmbeas rotaciones de satélites,
ni en la espectral niebla
de la muerte del polvo meteórico,
y yo me siento solo,
solo de protoplasma milenario
a meses sidónicos
no calculados por clepsidras,
porque mi soledad es ultravioleta
y no hay planos paralelos
que me identifiquen
con otras galaxias
y la radiación de mi dolor,
Spock,
reside justamente
en la nunca oblicua clarividencia
de que no soy el cenit
de ninguna constelación
y de que no existe epicentro en mí
sobre el que orbitar
toda la rabia que me compone.

(Sergio R. Franco: Spock.
Árbol de Poe, Perdurable Materia Nº 10, Málaga, 1998. Viñeta de Sergio E. Robles)

sábado, 21 de febrero de 2015

shadow of the beast


I
Sobre el espejo que nos ve, la bestia escribe la canción de engranajes que unen el cielo y el infierno. Los niños adoran las trampas mortales. El brutal aplastamiento, la maza cruel, el zarpazo violento. Si caes
                    no sales. Es la aniquilación total del ser un juego de chiquillos solares para domingos lluviosos. Las mutilaciones no hacen tanta gracia; cola de lagartija, tal vez. Los invitados tienen sueño. Papá tose desde dentro. Cesó la música y nadie enciende la luz. El espejo vibra con cada punto de fuga. Dos puntos. Tres... Lord Maletoth abusa de los puntos suspensivos como un poeta menor buscando la vena de la metáfora. Monótona melodía de tinta y piel. En Karamoon tejen, a ciegas y sin convenios, sedosas mortajas con alas. La mañana sorprende a las sombras ensimismadas...

II
Las doce en el reloj: el baile caótico de la infancia llega a su fin: las caretas van cayendo y ruedan por la pista: los invitados se llevan las manos al rostro y corren tras las columnas, a ocultarse, como último y vano intento por permanecer en el calor de la fantasía
                       Es tarde. Recelosos y desnudos volvemos al centro del salón para descubrir, entre risas nerviosas y suspiros de alivio, que no nos conocemos. Que siempre fuimos extraños en un mundo asombroso. Que el pasado es un álbum de recuerdos alucinantes. Que las prendas de la ficción disfrazan ahora nuestros huesos. Que la realidad es sueño y mascarada y desorden. Que el baile no ha hecho más que comenzar...

III
Sobre el espejo que nos ve, Aarbron afila sus agujas. Al son de música de tachón romperá la Ley, el género, el collar y la persona. La magia y el deseo. Hará caer a todos los ángeles, encantados, por el acantilado celestial. Mascando las llamas, con argamasa de trauma, sellará el cráter. Trampa mortal, locos los niños aplauden. Engañará con un alma de palo de lluvia al mismísimo Diablo, que se atragantará, que barritará, que morirá ahogado en su propia tiniebla (eras
más que una sombra, menos que un hombre; eres la sombra de lo que eres, no le des más vueltas; serás el sombrajo de tu sombra, a tientas
            La antimúsica licuará la Gran Mente y diluviará tatuada en el origen. Hemorragia de metáforas o aniquilación literal. Tiembla ternura. Bailad. Seguid bailando el silencio de las cuevas de cristal, bailad quietos de atar. Sobre los añicos de la ausencia que nos mira, la bestia afila el punto final
                           (mi sombra soy yo
    y todas las sombras
que escalan tu frío

viernes, 16 de enero de 2015

la madre

La niña escribió un cuento. «Sería mejor que escribieras una novela», dijo su madre. La niña armó una casa de muñecas. «Sería mucho mejor si fuese una casa de verdad», dijo su madre. La niña hizo un cojín para su padre. «Quizá un edredón hubiera sido más útil», dijo su madre. La niña excavó un pequeño hoyo en el jardín. «Sería mejor que excavaras un hoyo grande», dijo su madre. La niña excavó un gran hoyo y se echó a dormir dentro. «Sería mucho mejor si te durmieras para siempre», dijo la madre.

(Lydia Davis)

lunes, 5 de enero de 2015

relación de reparaciones efectuadas en la iglesia del bom jesús de braga en 1853 según consta en la factura del maestro de obras

RECOLOCAR una estrella caída.
Un gallo nuevo para San Pedro y pintarle la cresta.
Poner una piedra en la honda de David.
Dorar y poner plumas nuevas en el ala izquierda del Ángel de la Guarda.
Pendientes nuevos para la hija de Abraham.
Adornar el Arca de Noé.
Corrección de los diez mandamientos.
Renovar el cielo y lavar la luna.
Retocar el purgatorio y añadirle almas nuevas.
Avivar las llamas del infierno y varios arreglos a los condenados.
Limar las uñas del diablo.

(Martín López-Vega: La eterna cualquiercosa.
Pre-Textos, Valencia, 2014)

domingo, 4 de enero de 2015

todo mortal

Hora: mil millones de la noche.

Examen corregido número... mil millones de la noche.

Tres con setenta y cinco.

Cuentas perdidas. Sumas restadas. Restas y restos. Mala ortografía. Expresión deshilachada. Mediocridad. Lengüetazos de nada. Falta de esfuerzo. Falta de interés. Silencios que evocan un túmulo de blancas osamentas de paquidermos fantasmales. Silencios que evocan más silencio. Silencio infinito. A punto de traspasar, mi mente nave en llamas, la puerta de Tannhäuser. Voces incorpóreas, gritos sin garganta, llamada de Cthulhu, cantos de cerdos invisibles devorando cerdos vivos...

Uno más.

¿Por qué no?

El último examen.

Uno más por hoy. O ayer. O mañana. O mil millones de la noche. Y lo dejo. Claro que sí. Vamos allá, a pecho descubierto, ¡rásgate ese pijama, valiente! Empuña la calculadora, blande al viento el boli rojo y a por él. Busca, busca...

...

Venga este de esta criatura de Cuarto de la ESO, por ejemplo.

...

...

...

«Bécquer murió tras recaer por una enfermedad venérea causada por un eclipse solar».

Ha merecido la pena.

Y todo tiene sentido.

Y el universo ya está en orden.

Un orden sobresaliente.

Buenas noches.

(Todo mortal

martes, 30 de diciembre de 2014

oración

Dios, somos débiles.

Quizá porque el yunque
sobre el que nos forjaste
fue demasiado blando.
Quizá porque nos elegiste distraído,
o porque confiabas demasiado
en el hierro famoso de nuestra fe.

Dios, nos cansa la pureza
y extrañamos siquiera el marfil
de un colmillo.

Al fin y al cabo somos
hijos, nietos, bisnietos de animales,
milnietos de piedras.

Dios, Tú no lo sabes:
la materia es tenaz.

No nos dijiste que ibas a abrigarnos con ella,
que ibas a desovarnos en seno de mujer.
Que ibas a resumirnos en sentidos
con los que no podemos sentirte,
que nos darías por bastón la razón,
con el que estamos ciegos
si vamos hacia Ti.

Tampoco nos dijiste, Dios,
que ibas a partirnos en pronombres.

Por eso amamos
la simetría de la naturaleza,
la pareja, el espejo,
ecos de la explosión de la Unidad,
que no nos bastan
para reconstruirla.

Dios, nos aburre la verdad,
no nos conmueve sino el beneficio.
Dentro de nosotros
hay una burbuja vacía de desaliento,
y más honda,
una veta de pura maldad.

Dios, aquí
la certeza está oculta
por el velo de una realidad
minuciosa hasta el vértigo.

En donde estamos
los sueños son opacos,
los muertos, invisibles.
La filacteria de ADN
de los santos que te conocieron
no registró Tu soplo
para sus descendientes.
El instinto,
que empuja en cada indecisión,
no nos habla de Ti.
debemos inventar tu anhelo y tu figura
cada generación
y cada hombre.

Pero, Dios, ¿esta lejanía
también eres Tú?

Eres Tú,
porque nada más hay.

Entonces ¿por qué permites
que persevere en la iniquidad?
¿Es necesaria tanta oscuridad
para que la semilla
del bien
suplique abrirse?

¿No le sobra luz a tus estrellas,
o a alguna lamparilla encendida
ante cualquiera de tus nombres
para mí,
que he rezado a todos?

La última gota del deshielo
atraviesa pedregales
y colorea la única brizna de hierba
que le aguardaba.

Tú, en tantas formas has escrito: «Confía».

Pero he confiado
en mí en vez de en Ti,
he sido lento como raíz para la piedad,
raudo como torrente para el vicio.

Y aun así, dime, Dios:
soy
agua inmunda
¿pero de Tu mar?
Soy
chancro pestilente,
¿pero de Tus perros?

Dios, si acude
la gravedad
ávida a arrancar
de lo alto
todo aquello que cae,
y vence más violenta
al hierro que a la seda
¿no me has de arrastrar Tú
así,
hacia Ti,
sol del espíritu?

Sí.
Y con más fuerza.

(José María Parreño: Pornografía para insectos.
Pre-Textos, Valencia, 2014)

domingo, 21 de diciembre de 2014

soy teresa wilms montt

Soy Teresa Wilms Montt... y aunque nací cien años antes que tú, mi vida no fue tan distinta a la tuya. Yo también tuve el privilegio de ser mujer. Es difícil ser mujer en este mundo. Tú lo sabes mejor que nadie. Viví intensamente cada respiro y cada instante de mi vida. Destilé mujer. Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo.

Cuando me dieron la espalda, yo di la cara.

Cuando me dejaron sola, di compañía.

Cuando quisieron matarme, di vida.

Cuando quisieron encerrarme, busqué libertad.

Cuando me amaban sin amor, yo di más amor.

Cuando trataron de callarme, grité.

Cuando me golpearon, contesté.

Fui crucificada, muerta y sepultada por mi familia y la sociedad.

Nací cien años antes que tú y sin embargo te veo igual a mí.

Soy Teresa Wilms Montt, y no soy apta para señoritas.

(Teresa Wilms Montt)