(Franz Kafka)
viernes, 24 de junio de 2016
el deseo de ser piel roja
Si pudiera ser un piel roja siempre alerta, veloz galopando a lomos de un caballo, con el cuerpo inclinado a través del viento, estremeciéndome sobre la tierra trémula, hasta dejar las espuelas, porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas, pues no hacen falta riendas, y sólo viendo ante mí la llanura rasa, inmensa, ya sin las crines del caballo, ya desaparecida la cabeza.
viernes, 15 de abril de 2016
el doble
Calla la noche, las calles descansan,
en esa casa vivía mi amada.
Hace tiempo abandonó la ciudad,
sigue la casa en el mismo lugar.
Hay allí un hombre. El hombre alza la vista,
alza las manos temblando de angustia.
Me estremezco cuando observo su faz,
¡muestra la luna mi propia figura!
Oh pálido compañero, mi doble,
¿por qué simulas mis penas de amor
que me angustiaron en este lugar
durante tantas noches tiempo atrás?
en esa casa vivía mi amada.
Hace tiempo abandonó la ciudad,
sigue la casa en el mismo lugar.
Hay allí un hombre. El hombre alza la vista,
alza las manos temblando de angustia.
Me estremezco cuando observo su faz,
¡muestra la luna mi propia figura!
Oh pálido compañero, mi doble,
¿por qué simulas mis penas de amor
que me angustiaron en este lugar
durante tantas noches tiempo atrás?
(Heinrich Heine:
lied musicado por Franz Schubert)
lied musicado por Franz Schubert)
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martes, 8 de marzo de 2016
mantis atea
Yo no soy tu niña, santo varón; yo nací en el desierto hace miles de años y en mi lengua han ardido curas y demonios, putas y poetas, hidras, eunucos, héroes y reyes magos. No cantes mi dulzura porque llevo las ubres cargadas del veneno de la vida, y en mi vientre se gesta la destrucción. Cada vez que me llamas cielo lamo un ángel y escupido cae en este orco, el más profundo y ensortijado, de donde nutrimos nuestras gorduras. Cuerpo soy: tejido cavernoso, hueso, bosque de arterias y glándulas. Voluptuosidad de sombras. Sumidero en la mar gruesa. Está escrito por Él en los cartones celestes: el sabor del conocimiento te dejará sola, fea y amargada. Y has gobernado tan bien el imperio del pecado, con tu política de la tentación... Un pacto por los siglos de los siglos y amén al eterno banquete de la carne. Esta carne. Mi carne. En eso eres igual a la descarnada. Pero la carne ya no es tuya, santo varón. Hay toque de cuerno: el macho de la manada acude al árbol de la ciencia. Bajo las frutas prohibidas
te hipnotizaré con vaivenes de mi culo: moveré mis caderas hasta que beses la espuma demente de las hormonas. Dejaré que me tires del pelo, que gruñas como un hombre, que entres en mí a zarpadas; y cuando estés a punto de irte, arrancaré de cuajo tu cabeza, con precisión de mantis, para que la muerte vomite su éxtasis sobre tu cara entre las flores
a tus pies
el objeto del deseo
el fin de la especie
con amor
tu princesa de tinieblas.
te hipnotizaré con vaivenes de mi culo: moveré mis caderas hasta que beses la espuma demente de las hormonas. Dejaré que me tires del pelo, que gruñas como un hombre, que entres en mí a zarpadas; y cuando estés a punto de irte, arrancaré de cuajo tu cabeza, con precisión de mantis, para que la muerte vomite su éxtasis sobre tu cara entre las flores
a tus pies
el objeto del deseo
el fin de la especie
con amor
tu princesa de tinieblas.
(De Chatarra de niño muerto, 2008)
sábado, 6 de febrero de 2016
el último poema (43): the next day (plegaria a bowie en sueños)
Dios ha muerto. ¿Quién soy yo? Duelo. En la telaraña marciana no hay tiempo para duelo ni digestión; todo es vómito, todo vuelo. No duelo. Dueles. Como un actor roto. Dolemos. Aún no sé de qué va tu nueva mutación y ya andas envuelto en otra crisálida. No comprendo este baile de caretas postreras. No sé. No he escuchado todo el disco. No lo he leído. Sólo tres canciones. El disco de la estrella negra. Soy una estrella negra, soy una estrella negra... Cantas. Te vi desaparecer dentro de un armario antiguo, eso sí; pero sigo sin entender nada... ¿Qué pasa en realidad? ¿Eres tú haciendo mimo o la mímica de la realidad haciéndote a ti? ¿Cómo se explica, si no, que todo el mundo te llore y que nadie te llore? Como niños lloramos tu muerte los viejos; como viejos lloran tu muerte los niños. Niños de ojos salvajes de Nubelibre. Donde el águila no se atreve a volar, y gritan y dan patadas a las piedras del camino y viven en una película muda y yo no sé explicarles, yo no sé... ¿Quién soy yo? ¿Quién duele? ¿A quién duelo? ¿Somos los muertos? ¿Dónde estamos ahora? Y tengo que cambiar de ciudad porque la mudanza es la única constante vital que me queda. De ciudad, de acera, de zapatos, de cuero, de cielo. Todo lo mudable. De estación en estación. Es demasiado tarde. Es demasiado tarde. El tiempo vuela. Tu disfraz de entretelas, Bowie, no tiene final, no concibe el desnudo. Sería absurdo. Una pantomima más. Un secreto histriónico. Un significante altamente inflamable. Como vendarse los ojos y mirar con dos botones cosidos. Como hundirse en las arenas movedizas de la mente. Como congelarse en Berlín para siempre. Bajo cero. No puedo leer. Me duele mucho el cerebro. Cinco años de duelo. Cinco años. Siete. Duelo. No hay duelo aquí. El tiempo vuela, vuela. Ya no duele el dolor, ya no duele
de veras
de veras no andas metido en tu nuevo personaje? ¿La piel definitiva y perfecta? Y resolverás el enigma con la liberación de la muerte. Somos los muertos. Como ese pájaro azul, azul eléctrico. Tómate tu tiempo. El tiempo espera en las alas, habla de cosas sin sentido. Su guión eres tú y soy yo. El enigma de tu última piel. Lázaro. Sueño. Sueño de la edad lunar. Rareza espacial. Ziggy estrellado, Aladín sano, escuálido duque blanco. Héroes, horas, eras. El artista minotauro, detective del espanto, niño jueves. Astronauta colgado, descolgado. Pequeño dolor cósmico. David. Dios. Bowie. Jones. Persona. Te escucho. Duelo. No duelo. Te miro. Sueño. Cierro los ojos. No hay tiempo. Tengo cicatrices invisibles. Dame tus manos, eres hermosa. No hay palabras. No hay vendas ni botones, eres maravilloso
No hay música
No hay nadie. No estás solo
(Dios
suéñanos
que nos hace falta
de veras
de veras no andas metido en tu nuevo personaje? ¿La piel definitiva y perfecta? Y resolverás el enigma con la liberación de la muerte. Somos los muertos. Como ese pájaro azul, azul eléctrico. Tómate tu tiempo. El tiempo espera en las alas, habla de cosas sin sentido. Su guión eres tú y soy yo. El enigma de tu última piel. Lázaro. Sueño. Sueño de la edad lunar. Rareza espacial. Ziggy estrellado, Aladín sano, escuálido duque blanco. Héroes, horas, eras. El artista minotauro, detective del espanto, niño jueves. Astronauta colgado, descolgado. Pequeño dolor cósmico. David. Dios. Bowie. Jones. Persona. Te escucho. Duelo. No duelo. Te miro. Sueño. Cierro los ojos. No hay tiempo. Tengo cicatrices invisibles. Dame tus manos, eres hermosa. No hay palabras. No hay vendas ni botones, eres maravilloso
No hay música
No hay nadie. No estás solo
(Dios
suéñanos
que nos hace falta
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david bowie
viernes, 25 de diciembre de 2015
sobre la poesía
A Vladímir Narbut
Es residuo del insomnio,
es inclinado pábilo de vela,
es la primera campanada al alba
en cientos de campanarios blancos...
Es el cálido alféizar
bajo la luna de Chernígov,
es abejas, es meliloto,
es polvo, y oscuridad, y calor.
1940
(Anna Ajmátova)
martes, 24 de noviembre de 2015
el último poema (42): ya es hora
Ya es hora. Para este fuego
ya soy vieja.
El amor es más viejo que yo.
Tiene cincuenta eneros
la montaña.
Más viejo es el amor:
viejo como un fósil, viejo como una sierpe,
más viejo que el ámbar de Livonia,
más que los barcos fantasmas,
más viejo que las piedras, más viejo que los mares...
Pero el dolor que hay en mi pecho,
más viejo, más viejo es que el amor.
ya soy vieja.
El amor es más viejo que yo.
Tiene cincuenta eneros
la montaña.
Más viejo es el amor:
viejo como un fósil, viejo como una sierpe,
más viejo que el ámbar de Livonia,
más que los barcos fantasmas,
más viejo que las piedras, más viejo que los mares...
Pero el dolor que hay en mi pecho,
más viejo, más viejo es que el amor.
23 de enero de 1940
(Marina Tsvetáieva)
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lunes, 16 de noviembre de 2015
en tu aniversario
Recibe este rostro mío, mudo, mendigo.
Recibe este amor que te pido.
Recibe lo que hay en mí que eres tú.
Recibe este amor que te pido.
Recibe lo que hay en mí que eres tú.
(Alejandra Pizarnik)
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