
Los ojos abiertos desmesuradamente, contemplar el cielo, las estrellas, en el estado de inocencia.
Ser una mujer trastornada, desnuda, los ojos en blanco. Sueño de ausencia y no de placer. Ausente ella, es todavía más el mal lo que ansío gozar, el mal, la necesidad de negar el orden sin el cual no se podría vivir.
Los hombres se desconocen en el bien y se aman en el mal. El bien es la hipocresía. El mal es el amor. La inocencia es el amor del pecado.
Interesado, el mal es un bien para el malhechor. El mal auténtico es desinteresado.
En lo que tiene de íntima, de dulce, de desinteresada, la sociedad reposa sobre el mal: es como la noche, hecha de angustia.
(Georges Bataille: El pequeño)
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