martes, 15 de agosto de 2017

esta noche he visto

esta noche he visto
pero no

nadie es del color
del deseo más profundo.

(Alejandra Pizarnik)

jueves, 8 de junio de 2017

nacidos muertos

Estos poemas no viven: el diagnóstico es triste.
Los dedos de manos y pies crecieron bastante,
sus pequeñas frentes se abombaron por la concentración.
Si no caminaron por ahí como personas

no fue por falta de amor materno.

¡No sé explicar qué les pasó!
Tienen la forma, el número, los miembros precisos.

¡Se ven tan bien ahí en su líquido de adobo!

Sonríen, sonríen, sonríen, me sonríen a mí.
Pero los pulmones no se llenan y el corazón no late.

No son cerdos, ni siquiera peces,
aunque tienen un cierto aire de cerdo y pez:
sería mejor que estuvieran vivos, y así es como estaban.
Pero están muertos, y su madre, casi muerta de enajenación,

y miran como estúpidos, y no hablan de ella.

(Sylvia Plath:
Cruzando el agua)

miércoles, 1 de marzo de 2017

lucifer

ángel de la blasfemia
que arrojado al abismo
envuelto entre tinieblas
se da a luz a sí mismo

martes, 14 de febrero de 2017

conversaciones con u


—¿Y brilla en la oscuridad?

—Sí, papá. Brilla en la oscuridad.

—¡Oh, qué chulo! ¿Apagamos la luz para ver cómo brilla? Um... Pues parece que no brilla...

—Sí brilla. Si cierras los ojos, brilla.

martes, 20 de septiembre de 2016

fuck the poem


No he escrito en años
porque prefiero contemplarte a ti antes que a las páginas.

Pero lo que sería perfecto es
hacer un poema que llegase a ser la mitad de valiente
que tú cuando estás desnuda.
Lo intento un minuto:

Tu amor es mi metal; tus besos, mis remates.
Eres como el océano bajo la capa de vertido.

Que le den al poema.

Hay una cama aquí
y tú me quieres dentro.

(Kate Tempest: Mantente firme.
La Bella Varsovia, 2016)

jueves, 7 de julio de 2016

fuego a discreción

EL SER HUMANO es una superposición de círculos viciosos. El gran secreto es que giran sobre sí mismos. Pero los centros de estos círculos están igualmente situados sobre un círculo: el hombre sale del último para entrar en el primero. Esta revolución no pasa desapercibida a los sabios. Sólo ellos escapan al remolino y, abandonándolo, lo contemplan* —Armonía de las esferas, cósmica de los corazones, astros-dioses del pensamiento, ardientes sistemas forjados de carne en carne, ya que este sufrimiento es el abandono de una carne ya sea roja de sangre, anaranjada de sueño o amarilla de meditación; los astrolabios que atraviesan el corazón calentados al rojo, lejos de las trampas basculantes, bajo las escaleras del demonio, y el aire fresco que ya se espesa en el fango. La trayectoria real del acero celeste a través de la garganta mientras los hombres de abajo se aplican en estornudar— puesto que todo se ve desde arriba, y todo es cierto de mil maneras, pero todas estas formas de comprender no tienen valor sino reunidas, en un solo bloque, Dios blanquinegro, cebra celeste y más rápida. ¡Oh! Dime: ¿Los salvajes no han elevado nunca, en el bosque virgen, la monstruosa estatua de la Cebra-dios? Dios de todas las contradicciones resueltas en cuatro labios: aunque este ya no es el problema, el impulso está dado y el mundo se derrumba, y la luz ya no tiene necesidad de prismas para dispersarse, y todo lo real cambia inalterable —choques de palabras, locura inevitable del discurso humano, choque-cólera lanzando sus gritos, sus falsas esperanzas—, estafa de Prometeo. ¡Tan bello! Prometeo, victoria jadeante sumisa a lenguas de fuego, con la corona giratoria de los soles, los pequeños aliados de los hombres. PERO LOS GRANDES ANTISOLES NEGROS, POZOS DE VERDAD EN LA TRAMA ESENCIAL, VAN Y VIENEN EN LA CORTINA GRIS DEL CIELO CURVO Y SE ASPIRAN LOS UNOS A LOS OTROS, Y LOS HOMBRES LOS LLAMAN AUSENCIAS. ¿Quién les enseña aquello que es el ser, eso que ellos no alcanzan a pensar más que como no-ser a su medida? Sometidos a lenguas de fuego, volved vuestro rostro hacia las llamas, hacia el beso divino que os arrancará los dientes de un solo golpe.

(René Daumal: 
El Gran Juego. Revelación-Revolución. 
Pepitas de calabaza ed., 2016)
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* Es a partir de este punto del texto que, por suerte, dejo de poseerme.

viernes, 24 de junio de 2016

el deseo de ser piel roja

Si pudiera ser un piel roja siempre alerta, veloz galopando a lomos de un caballo, con el cuerpo inclinado a través del viento, estremeciéndome sobre la tierra trémula, hasta dejar las espuelas, porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas, pues no hacen falta riendas, y sólo viendo ante mí la llanura rasa, inmensa, ya sin las crines del caballo, ya desaparecida la cabeza.

(Franz Kafka)