martes, 20 de septiembre de 2016

fuck the poem


No he escrito en años
porque prefiero contemplarte a ti antes que a las páginas.

Pero lo que sería perfecto es
hacer un poema que llegase a ser la mitad de valiente
que tú cuando estás desnuda.
Lo intento un minuto:

Tu amor es mi metal; tus besos, mis remates.
Eres como el océano bajo la capa de vertido.

Que le den al poema.

Hay una cama aquí
y tú me quieres dentro.

(Kate Tempest: Mantente firme.
La Bella Varsovia, 2016)

jueves, 7 de julio de 2016

fuego a discreción

EL SER HUMANO es una superposición de círculos viciosos. El gran secreto es que giran sobre sí mismos. Pero los centros de estos círculos están igualmente situados sobre un círculo: el hombre sale del último para entrar en el primero. Esta revolución no pasa desapercibida a los sabios. Sólo ellos escapan al remolino y, abandonándolo, lo contemplan* —Armonía de las esferas, cósmica de los corazones, astros-dioses del pensamiento, ardientes sistemas forjados de carne en carne, ya que este sufrimiento es el abandono de una carne ya sea roja de sangre, anaranjada de sueño o amarilla de meditación; los astrolabios que atraviesan el corazón calentados al rojo, lejos de las trampas basculantes, bajo las escaleras del demonio, y el aire fresco que ya se espesa en el fango. La trayectoria real del acero celeste a través de la garganta mientras los hombres de abajo se aplican en estornudar— puesto que todo se ve desde arriba, y todo es cierto de mil maneras, pero todas estas formas de comprender no tienen valor sino reunidas, en un solo bloque, Dios blanquinegro, cebra celeste y más rápida. ¡Oh! Dime: ¿Los salvajes no han elevado nunca, en el bosque virgen, la monstruosa estatua de la Cebra-dios? Dios de todas las contradicciones resueltas en cuatro labios: aunque este ya no es el problema, el impulso está dado y el mundo se derrumba, y la luz ya no tiene necesidad de prismas para dispersarse, y todo lo real cambia inalterable —choques de palabras, locura inevitable del discurso humano, choque-cólera lanzando sus gritos, sus falsas esperanzas—, estafa de Prometeo. ¡Tan bello! Prometeo, victoria jadeante sumisa a lenguas de fuego, con la corona giratoria de los soles, los pequeños aliados de los hombres. PERO LOS GRANDES ANTISOLES NEGROS, POZOS DE VERDAD EN LA TRAMA ESENCIAL, VAN Y VIENEN EN LA CORTINA GRIS DEL CIELO CURVO Y SE ASPIRAN LOS UNOS A LOS OTROS, Y LOS HOMBRES LOS LLAMAN AUSENCIAS. ¿Quién les enseña aquello que es el ser, eso que ellos no alcanzan a pensar más que como no-ser a su medida? Sometidos a lenguas de fuego, volved vuestro rostro hacia las llamas, hacia el beso divino que os arrancará los dientes de un solo golpe.

(René Daumal: 
El Gran Juego. Revelación-Revolución. 
Pepitas de calabaza ed., 2016)
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* Es a partir de este punto del texto que, por suerte, dejo de poseerme.

viernes, 24 de junio de 2016

el deseo de ser piel roja

Si pudiera ser un piel roja siempre alerta, veloz galopando a lomos de un caballo, con el cuerpo inclinado a través del viento, estremeciéndome sobre la tierra trémula, hasta dejar las espuelas, porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas, pues no hacen falta riendas, y sólo viendo ante mí la llanura rasa, inmensa, ya sin las crines del caballo, ya desaparecida la cabeza.

(Franz Kafka)

viernes, 15 de abril de 2016

el doble

Calla la noche, las calles descansan,
en esa casa vivía mi amada.
Hace tiempo abandonó la ciudad,
sigue la casa en el mismo lugar.

Hay allí un hombre. El hombre alza la vista,
alza las manos temblando de angustia.
Me estremezco cuando observo su faz,
¡muestra la luna mi propia figura!

Oh pálido compañero, mi doble,
¿por qué simulas mis penas de amor
que me angustiaron en este lugar
durante tantas noches tiempo atrás?

(Heinrich Heine:
lied musicado por Franz Schubert)

martes, 8 de marzo de 2016

mantis atea

Yo no soy tu niña, santo varón; yo nací en el desierto hace miles de años y en mi lengua han ardido curas y demonios, putas y poetas, hidras, eunucos, héroes y reyes magos. No cantes mi dulzura porque llevo las ubres cargadas del veneno de la vida, y en mi vientre se gesta la destrucción. Cada vez que me llamas cielo lamo un ángel y escupido cae en este orco, el más profundo y ensortijado, de donde nutrimos nuestras gorduras. Cuerpo soy: tejido cavernoso, hueso, bosque de arterias y glándulas. Voluptuosidad de sombras. Sumidero en la mar gruesa. Está escrito por Él en los cartones celestes: el sabor del conocimiento te dejará sola, fea y amargada. Y has gobernado tan bien el imperio del pecado, con tu política de la tentación... Un pacto por los siglos de los siglos y amén al eterno banquete de la carne. Esta carne. Mi carne. En eso eres igual a la descarnada. Pero la carne ya no es tuya, santo varón. Hay toque de cuerno: el macho de la manada acude al árbol de la ciencia. Bajo las frutas prohibidas

te hipnotizaré con vaivenes de mi culo: moveré mis caderas hasta que beses la espuma demente de las hormonas. Dejaré que me tires del pelo, que gruñas como un hombre, que entres en mí a zarpadas; y cuando estés a punto de irte, arrancaré de cuajo tu cabeza, con precisión de mantis, para que la muerte vomite su éxtasis sobre tu cara entre las flores

a tus pies
    el objeto del deseo
        el fin de la especie

con amor
tu princesa de tinieblas.

(De Chatarra de niño muerto, 2008)

sábado, 6 de febrero de 2016

el último poema (43): the next day (plegaria a bowie en sueños)

 
Dios ha muerto. ¿Quién soy yo? Duelo. En la telaraña marciana no hay tiempo para duelo ni digestión; todo es vómito, todo vuelo. No duelo. Dueles. Como un actor roto. Dolemos. Aún no sé de qué va tu nueva mutación y ya andas envuelto en otra crisálida. No comprendo este baile de caretas postreras. No sé. No he escuchado todo el disco. No lo he leído. Sólo tres canciones. El disco de la estrella negra. Soy una estrella negra, soy una estrella negra... Cantas. Te vi desaparecer dentro de un armario antiguo, eso sí; pero sigo sin entender nada... ¿Qué pasa en realidad? ¿Eres tú haciendo mimo o la mímica de la realidad haciéndote a ti? ¿Cómo se explica, si no, que todo el mundo te llore y que nadie te llore? Como niños lloramos tu muerte los viejos; como viejos lloran tu muerte los niños. Niños de ojos salvajes de Nubelibre. Donde el águila no se atreve a volar, y gritan y dan patadas a las piedras del camino y viven en una película muda y yo no sé explicarles, yo no sé... ¿Quién soy yo? ¿Quién duele? ¿A quién duelo? ¿Somos los muertos? ¿Dónde estamos ahora? Y tengo que cambiar de ciudad porque la mudanza es la única constante vital que me queda. De ciudad, de acera, de zapatos, de cuero, de cielo. Todo lo mudable. De estación en estación. Es demasiado tarde. Es demasiado tarde. El tiempo vuela. Tu disfraz de entretelas, Bowie, no tiene final, no concibe el desnudo. Sería absurdo. Una pantomima más. Un secreto histriónico. Un significante altamente inflamable. Como vendarse los ojos y mirar con dos botones cosidos. Como hundirse en las arenas movedizas de la mente. Como congelarse en Berlín para siempre. Bajo cero. No puedo leer. Me duele mucho el cerebro. Cinco años de duelo. Cinco años. Siete. Duelo. No hay duelo aquí. El tiempo vuela, vuela. Ya no duele el dolor, ya no duele
         de veras
de veras no andas metido en tu nuevo personaje? ¿La piel definitiva y perfecta? Y resolverás el enigma con la liberación de la muerte. Somos los muertos. Como ese pájaro azul, azul eléctrico. Tómate tu tiempo. El tiempo espera en las alas, habla de cosas sin sentido. Su guión eres tú y soy yo. El enigma de tu última piel. Lázaro. Sueño. Sueño de la edad lunar. Rareza espacial. Ziggy estrellado, Aladín sano, escuálido duque blanco. Héroes, horas, eras. El artista minotauro, detective del espanto, niño jueves. Astronauta colgado, descolgado. Pequeño dolor cósmico. David. Dios. Bowie. Jones. Persona. Te escucho. Duelo. No duelo. Te miro. Sueño. Cierro los ojos. No hay tiempo. Tengo cicatrices invisibles. Dame tus manos, eres hermosa. No hay palabras. No hay vendas ni botones, eres maravilloso
No hay música
No hay nadie. No estás solo
                     (Dios
                      suéñanos
                              que nos hace falta

viernes, 25 de diciembre de 2015

sobre la poesía

A Vladímir Narbut

Es residuo del insomnio,
es inclinado pábilo de vela,
es la primera campanada al alba
en cientos de campanarios blancos...
Es el cálido alféizar
bajo la luna de Chernígov,
es abejas, es meliloto,
es polvo, y oscuridad, y calor.

1940

(Anna Ajmátova)