
Poco se sabe de este poeta misántropo, maldita alma, nacido en Badajoz el 6 de agosto de 1931. Publica dos libros de poemas:
Sumideros y
Apostillas de un cadáver. A partir de ahí, su mirada severa contra los viandantes desde su ventana; la brutalidad despiadada consigo mismo. Seis años sin palabras. Una carta de despedida. Un tiro en la boca.
Imploraré tan solo un destellocegador de lucidezpara devolverle a Diosun cadáver de lujo.En la nota de despedida, el poeta se lamenta de haber dejado constancia escrita del inenarrable horror que le inspira el mundo. Confiesa, además, el voraz remordimiento por haber desatendido los consejos de su padre (quien, al parecer, regentaba una herrería) y no haber consagrado su vida a pegar martillazos.
Sé que hay muchas personasque no entenderán lo que quiero decir: Aquéllasincapaces de esconderse detrás de una matay salir con una flor y un cuchillo en la manoal encuentro del primer caminante.Revela Georg Trakl (otro íntimo suicida 'de flor y cuchillo'):
Al despertar adviertes la amargura del mundo, toda su irredente culpa. Tu poesía es una expiación imperfecta.La noche del 14 de febrero de 1984, León Artigas, 'el herrero frustrado', se introduce una pistola entre los dientes y silencia de golpe toda la imperfección del universo.
EFLUVIO
Que cada cual se haga a sí mismo digno
de esperar un misericordioso hachazo.
(LA LECCIÓN DEL VERDUGO.
De Apostillas de un cadáver)
Cuarenta largos años de mi vidahe mimado al ser infectoque habita en mis entrañas. ¿Qué soysino un desagüe nauseabundo? Por mis venashan corrido las más sórdidas pasiones.Me han embozado culpas, rencores,despojos tenebrosos de mezquinas crueldades.De tan sólo un milagro me envanezcoy es de no haber sucumbidoa los líricos reclamos de la autocompasión.A mí me honra el hachazo que merezcoy esta digna humillaciónde haber sido más culpable que verdugo.(De Sumideros)