
Ahora se ha sublevado lo dormido, la supuración de alguien. Quizá sea sólo un objeto que se disgrega en su prisión, o manos que revelan sufrimiento. Si conviene, ensucio el sonido; por lucrarme, superpongo el rostro a la máscara, lo hago página, demolición del centro; si una rata lame mi sexo, artillo suavemente las palabras, alquilo al insomnio mis pechos. Y aunque procure preservar aquel espacio del dolor y los murciélagos, el orgasmo es negro.
Detrás queda un cadáver. En sus labios hay pájaros.
(Eduardo Moga: El corazón, la nada.
Bartleby Editores, 1999)
Bartleby Editores, 1999)
1 comentario:
uff...
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